A los 25 años, Viktoriia Honcharuk ha vivido lo que muchos solo imaginan en películas o libros: dejar una prometedora carrera en Wall Street para luchar por la supervivencia de su país. Hoy, la médica de combate ucraniana representa a Ucrania en la Conferencia de Seguridad de Múnich, llevando consigo un mensaje directo a los políticos europeos: “Si no estáis dispuestos a luchar en serio, lo mejor que podéis hacer es aprender a hablar ruso”.
Nacida en una pequeña aldea ucraniana, Honcharuk trabajaba en el banco de inversión Morgan Stanley en Manhattan cuando comenzó la invasión rusa en febrero de 2022. “Mi reacción fue física. Tenía que salir de allí y volver a mi país”, recuerda. Desde entonces, ha servido en primera línea tras completar un curso de medicina táctica, enfrentando escenas de dolor extremo y salvando vidas en condiciones casi imposibles.
“En pocas semanas me vacuné contra el dolor y la impresión de ver sangre a borbotones, carne humana picada como pulpa de fruta, quemaduras lacerantes”, afirma Honcharuk. A pesar de haber sufrido tres conmociones cerebrales por explosiones cercanas, nunca se ha dado de baja por agotamiento. Su trabajo es un equilibrio entre la velocidad y la precisión: evacuar soldados heridos a veces desde 12 kilómetros del frente, mientras se asegura de que sobrevivan.
Su hermana, que también sirve en una unidad de asalto, comparte con ella la experiencia de haber perdido a compañeros en combate: “Al comienzo de la invasión formábamos una compañía de seis personas. Ellos fueron muriendo uno a uno y ahora sólo quedamos mi hermana y yo”.
Honcharuk confiesa que nunca se ha arrepentido de abandonar las finanzas. “Si me quedara en Nueva York, ¿cómo miraría a mis futuros hijos a los ojos?”, reflexiona. En medio de la guerra, ha encontrado un propósito que trasciende cualquier salario o comodidad. Y aunque aún mantiene la posibilidad de retomar su carrera en Wall Street —su antigua mesa sigue vacía— su mirada está puesta en el frente y en la defensa de Ucrania.
Desde Múnich, Viktoriia Honcharuk se ha convertido en uno de los rostros visibles del esfuerzo bélico ucraniano, llevando historias de heroísmo y sacrificio que desafían la distancia entre la guerra y el mundo civilizado que observa desde lejos.




















