Tras el bombardeo estadounidense a un puente en construcción en la provincia de Alborz, que dejó al menos 8 muertos y cerca de un centenar de heridos, el ejército de Irán ha emitido una severa advertencia. Las autoridades iraníes han asegurado que cualquier futuro ataque contra infraestructuras críticas o plantas eléctricas será respondido con acciones «más devastadoras que nunca», extendiendo esta amenaza no solo a Estados Unidos e Israel, sino también a sus aliados en la región.
Cuerpo El ataque, ocurrido durante la madrugada, tuvo como objetivo principal el puente B1, una estructura de grandes dimensiones ubicada en la provincia de Alborz, colindante con la capital iraní. Según el portavoz del Cuartel General Central de Jatam al Anbiya, el teniente coronel Ebrahim Zolfaqari, el incidente ha marcado un punto de inflexión en la postura defensiva del país. Además de las represalias prometidas, el portavoz envió un ultimátum a los países vecinos, señalando que aquellos que alberguen bases estadounidenses deben obligar a las fuerzas de Washington a retirarse si desean evitar represalias.
Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abas Araqchí, desestimó la capacidad del ataque para doblegar la voluntad de su nación. A través de sus redes sociales, Araqchí afirmó que «los ataques contra infraestructuras civiles, incluidos los puentes sin terminar, no obligarán a los iraníes a rendirse» y aseguró que las instalaciones serán reconstruidas, añadiendo que el verdadero impacto de la operación es el daño a la reputación internacional de Estados Unidos.
En respuesta a los eventos, el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó la posición de su gobierno a través de la red Truth Social. Calificando el colapso del puente como «solo el principio», Trump instó a Teherán a alcanzar un acuerdo diplomático «antes de que sea demasiado tarde» y la infraestructura del país sufra daños irreparables.
















