Un equipo científico ha hallado en las profundidades del mar de Japón un pequeño molusco capaz de sobrevivir equipo científico ha hallado en las profundidades del mar de Japón un pequeño molusco capaz de sobrevivir en condiciones extremas, cuya estructura corporal presenta placas recubiertas de hierro, formando una especie de armadura natural nunca vista a tal profundidad.
en condiciones extremas, cuya estructura corporal presenta placas recubiertas de hierro, formando una especie de armadura natural nunca vista a tal profundidad.
El hallazgo se produjo en la fosa de Izu-Ogasawara, a unos 5.000 metros bajo la superficie, donde la presión es enorme, la temperatura cercana al punto de congelación y la luz solar inexistente. Allí los investigadores localizaron un diminuto molusco bautizado científicamente como Ferreiraella populi.
Lo más sorprendente del animal no es su tamaño, sino su estructura. Su cuerpo posee placas cubiertas de hierro que funcionan como una armadura flexible, algo extremadamente raro en organismos vivos. Estas placas metálicas recubren su superficie y le permiten resistir el entorno hostil de las profundidades oceánicas.
Los científicos explican que este tipo de adaptación tiene un propósito claro: protección. En el fondo marino existen depredadores y condiciones químicas agresivas procedentes de fuentes hidrotermales, por lo que la criatura ha evolucionado desarrollando un “blindaje” natural, convirtiéndose en uno de los pocos animales conocidos que incorpora metales en su anatomía.
La presencia de hierro en su organismo también sugiere una estrategia de supervivencia frente a microorganismos y al contacto constante con minerales disueltos en el agua profunda. De hecho, estas zonas abisales contienen compuestos químicos extremos que obligan a los seres vivos a evolucionar de formas muy diferentes a las de la superficie.
Este descubrimiento vuelve a demostrar que los océanos profundos siguen siendo uno de los territorios menos explorados del planeta. A pesar de los avances tecnológicos, los científicos apenas conocen una pequeña parte de la biodiversidad que habita a grandes profundidades, donde todavía podrían existir numerosas especies desconocidas.
La criatura hallada en el mar de Japón es un ejemplo de cómo la vida puede adaptarse a ambientes imposibles. Su “lengua” o estructura metálica no es un fenómeno extraño aislado, sino una prueba de que la evolución ha encontrado formas sorprendentes de sobrevivir bajo presiones extremas. Los océanos, lejos de estar completamente estudiados, continúan siendo uno de los grandes misterios científicos del planeta.



















