El país afronta su verano más caluroso desde 1884 mientras Reform bromea con los efectos del cambio climático y el Partido Conservador frena sus compromisos de emisiones netas cero
El Reino Unido se encamina a registrar el verano más cálido desde que comenzaron las mediciones meteorológicas en 1884, tras encadenar cinco olas de calor desde el mes de mayo. Este escenario de temperaturas extremas ha derivado en la declaración de sequía en dos tercios de Inglaterra y la totalidad de Gales, un incremento severo de incendios forestales, la interrupción de servicios públicos y un aumento de la mortalidad. A pesar de los costes económicos y sanitarios descritos por los organismos oficiales, el partido de extrema derecha Reform, liderado por Nigel Farage, ha instado a la población a «disfrutar» de las altas temperaturas, al tiempo que el Partido Conservador ha comenzado a oponerse a las políticas climáticas que él mismo impulsó durante su etapa en el Gobierno.
Impacto de las temperaturas en las infraestructuras, la salud y la economía
Las consecuencias del calor extremo han afectado de manera directa a la vida cotidiana e infraestructuras del país. Las autoridades han declarado la sequía en dos tercios del territorio inglés y en todo Gales, imponiendo restricciones como la prohibición de regar salvo con regadera para preservar las reservas hídricas. La vegetación se ha secado de forma generalizada y se ha registrado una proliferación de incendios forestales, un fenómeno poco habitual en la región para el que los servicios de emergencia cuentan con recursos limitados, lo que ha provocado la destrucción de viviendas y evacuaciones de residentes.
El impacto también se ha trasladado al sistema de transportes y a la red eléctrica. Un informe preliminar del organismo de investigación de accidentes ferroviarios señala la deformación de un carril a causa de las temperaturas como causa probable del descarrilamiento de un tren acontecido la semana pasada en Lewes, en el sureste de Inglaterra. Diversos estudios corroboran la correlación entre el calor elevado y la alteración de las vías de tren. A ello se suma la falta de acondicionamiento térmico en la mayoría de hogares, oficinas y transportes públicos, lo que ha provocado el cierre temporal de comercios, bibliotecas y despachos, además de cortes en el suministro eléctrico y miles de fallecimientos asociados a las altas temperaturas. Un informe encargado por el Ayuntamiento de Londres cifra en hasta 42.000 millones de euros anuales los costes derivados del cambio climático para la capital antes de 2050.
Reacciones políticas e ironías sobre la emergencia climática
Frente a la gravedad de los acontecimientos, la extrema derecha ha mantenido un discurso de escepticismo ante las medidas de reducción de emisiones. Richard Tice, número dos de la formación Reform, resta importancia a los efectos estivales y aboga por aprovechar la situación.
- Declaraciones de Richard Tice: «Cuando hace un poco de calor, vamos a disfrutarlo», afirmó Tice, añadiendo que el fenómeno podría beneficiar la producción del vino y el champán británico para competir con el mercado francés.
- Respuesta sanitaria: El Royal College de Enfermería criticó sus palabras recordando que hay personal sanitario desmayándose en hospitales a 36 grados y miles de pacientes vulnerables ingresados en pasillos debido al calor.
- Crítica del Partido Laborista: Bridget Philipson, número dos laborista, exigió una disculpa pública hacia los bomberos que combaten los incendios en condiciones extremas.
El giro estratégico del Partido Conservador y el consenso roto
El contexto político británico ha experimentado una transformación sustancial. Tras años de consenso bipartidista en los que Gobiernos conservadores como los de David Cameron y Boris Johnson impulsaron legislación para alcanzar el objetivo de emisiones netas cero, la postura de los tories se ha endurecido.
Actualmente, el Partido Conservador exige al Gobierno regional de Andy Burnham que elimine el plan para limitar las emisiones de los camiones pesados —diseñado bajo el mandato de Johnson para cumplirse entre 2035 y 2040—, tildando la medida de «ecologismo fanático y miope». Este viraje se acentuó en los últimos meses de la gestión de Rishi Sunak y se ha profundizado ante la presión electoral de Reform, formación que ha superado a los conservadores en diversos sondeos.
Por su parte, el nuevo Gobierno laborista encabezado por Andy Burnham busca mostrar una posición «pragmática», estudiando la concesión de nuevas licencias de perforación de gas y petróleo en el mar del Norte y retrasando determinados planes de reducción de tráfico. Asimismo, iniciativas como las zonas de bajas emisiones han sido objeto de campañas de desinformación que retrasaron su aplicación en ciudades como Oxford o Manchester, a pesar de que investigaciones recientes en Londres asocian estas restricciones a una disminución de enfermedades respiratorias en la población infantil.
Evolución de la opinión pública y polarización social
Los datos reflejan un cambio en la percepción social sobre las políticas medioambientales. Según estudios de la encuestadora More in Common, aunque el porcentaje de ciudadanos que sitúa el cambio climático entre los tres asuntos más relevantes subió del 12% en marzo al 16% en agosto, la cifra representa la mitad del máximo alcanzado en 2023.
A pesar de que dos de cada tres británicos manifiestan preocupación por el fenómeno meteorológico, el respaldo a las políticas de «emisiones netas cero» ha descendido del 68% en 2024 al 45% actual. Los analistas atribuyen esta brecha a la polarización introducida por los partidos de derecha, cuyos votantes han modificado su postura alineándose con los nuevos discursos de sus dirigentes, mientras que la ciudadanía mantiene su apoyo a medidas concretas como las inversiones en energía eólica y solar.














