El presidente estadounidense critica la falta de apoyo aliado en el estrecho de Ormuz y augura un final próximo del conflicto con Teherán. Mientras, el bombardeo de la antigua embajada en la capital iraní y el ataque al aeropuerto de Kuwait elevan la tensión en el Golfo.
La estabilidad del orden internacional se enfrenta a un desafío sin precedentes. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su intención de replantear la permanencia de su país en la OTAN, una organización que ha calificado con desdén como un «tigre de papel». En una entrevista concedida al rotativo The Telegraph, el mandatario estadounidense ha asegurado que la salida de la Alianza Atlántica se encuentra «más allá de reconsideración», subrayando que nunca estuvo convencido de la utilidad de esta coalición.
Según el inquilino de la Casa Blanca, esta visión crítica sobre la Alianza es compartida por su homólogo ruso, Vladimir Putin. Trump ha justificado su drástica postura en la negativa de los socios europeos a respaldar de forma automática la ofensiva militar contra Irán, especialmente en el estrecho de Ormuz. «Pensé que debería ser automático», ha reprochado el presidente, lamentando que Estados Unidos acuda en defensa de otros miembros mientras que estos «no estuvieron ahí para nosotros».
Un discurso inminente y el fin de las hostilidades
En paralelo a sus críticas a la OTAN, Trump ha dejado entrever que la implicación de Estados Unidos en la guerra contra Irán podría concluir en un plazo de «dos o tres semanas». El mandatario ha restado importancia a la necesidad de alcanzar un acuerdo negociado con el régimen de Teherán. Desde la Casa Blanca se ha anunciado un discurso presidencial para las 3:00 de la madrugada del jueves (hora española), en el que se prevé que comunique una decisión calificada de «importante».
Por su parte, desde el bando iraní, el vicepresidente del Parlamento, Ali Nikzad, ha desmentido cualquier negociación en curso. Según Nikzad, el líder supremo, Mojtaba Jameneí, no ha autorizado diálogo alguno con Washington o Israel, calificando las afirmaciones sobre posibles contactos como intentos de generar división interna.
Escalada bélica en el Golfo y el Líbano
La situación sobre el terreno sigue agravándose. Esta madrugada, ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel alcanzaron el centro de Teherán, impactando en la antigua embajada estadounidense, hoy convertida en museo. Simultáneamente, el aeropuerto internacional de Kuwait ha sufrido un grave incendio tras el impacto de drones en un depósito de combustible, en una acción reportada por la aviación civil del país árabe.
La violencia se extiende también a otros frentes. Los rebeldes hutíes de Yemen han reivindicado bombardeos conjuntos con Irán contra territorio israelí, provocando al menos 16 heridos pese a las interceptaciones de las defensas hebreas. En el sur del Líbano, el Ejército libanés ha iniciado un redespliegue de sus unidades ante el avance de la operación terrestre israelí, que ha dejado aisladas varias de sus posiciones.
Ante esta situación, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, ha instado a Hizbulá e Israel a cesar las hostilidades y a respetar la resolución 1701 de la ONU para preservar la integridad del Líbano.
Consecuencias económicas y geopolíticas
El conflicto ya tiene un impacto global severo. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, ha advertido a su nación de la inminente crisis del petróleo, solicitando a la población evitar el acopio de combustible. En Europa, Greenpeace ha denunciado que las petroleras están obteniendo beneficios extraordinarios de 81,4 millones de euros diarios debido a la escalada de precios.
En este contexto de bloqueo en el estrecho de Ormuz, el presidente ruso Vladimir Putin ha propuesto la creación de una «nueva arquitectura global logística», posicionando a Rusia como alternativa comercial frente a la parálisis de las rutas energéticas tradicionales en Oriente Medio.















