Un estudio liderado por el IAA-CSIC demuestra que tormentas locales e inusuales inyectan vapor de agua a capas altísimas de la atmósfera, acelerando su pérdida irreversible hacia el espacio.
Marte no siempre fue el desierto rojizo que vemos hoy. Sus canales y minerales alterados por el líquido elemento demuestran un pasado húmedo y dinámico. Sin embargo, cómo pasó de ser un mundo azul a uno árido ha sido uno de los grandes misterios de la ciencia. Este viernes 6 de febrero de 2026, una investigación internacional ha aportado la pieza que faltaba en este rompecabezas planetario.
El descubrimiento: El impacto de las tormentas anómalas
Hasta ahora, se creía que la pérdida de agua en Marte ocurría principalmente durante los cálidos veranos del hemisferio sur. Sin embargo, el estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y la Universidad de Tokio ha revelado un mecanismo insospechado:
- Inyección de vapor: Una tormenta de polvo inusual, intensa pero de escala local, fue capaz de elevar el vapor de agua hasta los 60-80 kilómetros de altitud.
- Fuga al espacio: A esas alturas, la radiación solar descompone las moléculas de agua. El hidrógeno, al ser tan ligero, escapa fácilmente de la gravedad marciana hacia el espacio exterior.
- El factor sorpresa: Este proceso ocurrió durante el verano del hemisferio norte, una época que hasta ahora se consideraba irrelevante para la pérdida de recursos hídricos en el planeta.
El Año Marciano 37: La clave de la cronología
Los investigadores, encabezados por Adrián Brines (IAA-CSIC) y Shohei Aoki (U. de Tokio), detectaron este aumento inusual de vapor durante el llamado Año Marciano 37.
¿Cómo se cuentan los años en Marte? Los años marcianos empezaron a contabilizarse en 1955, cuando la tecnología permitió medir con precisión la posición del planeta en su órbita. Por tanto, el año 37 marciano equivale al periodo 2021-2023 de nuestro calendario terrestre.
Un océano de cientos de metros desaparecido
Las evidencias geológicas sugieren que Marte tuvo alguna vez agua suficiente para cubrir gran parte de su superficie con un océano de cientos de metros de profundidad.
Este hallazgo es crucial porque revela que la pérdida de agua no es solo un proceso lento y gradual debido a la falta de campo magnético, sino que eventos climáticos «locales y violentos» han actuado como aceleradores drásticos de la desertificación a lo largo de miles de millones de años.


















