Investigadores del Instituto Max Planck detectan la molécula orgánica con azufre más grande jamás vista en el espacio interestelar, un hallazgo que vincula la química de las galaxias con la biología terrestre.
La búsqueda de nuestros orígenes cósmicos ha dado hoy, viernes 6 de febrero de 2026, un salto gigante. Un equipo internacional de científicos ha identificado una compleja molécula de 13 átomos que contiene azufre en una nube molecular cercana al centro de nuestra galaxia. Este descubrimiento refuerza la teoría de que los «ladrillos» fundamentales de la vida no se crearon en la Tierra, sino que ya viajaban por el espacio mucho antes de que naciera nuestro sistema solar.
El azufre: El ingrediente «olvidado» de la vida
Aunque solemos centrarnos en el carbono o el oxígeno, el azufre es vital para las proteínas y las enzimas de todos los seres vivos. Sin embargo, encontrarlo en el espacio en formas complejas era, hasta ahora, un reto pendiente para la astronomía.
- El hallazgo: Se trata de la primera detección inequívoca de una molécula compleja con forma de anillo que contiene azufre.
- El tamaño importa: Con 13 átomos, supera cualquier compuesto de azufre detectado previamente, cerrando la brecha entre la química simple del espacio y la complejidad orgánica de los meteoritos.
¿Dónde se encuentra este «eslabón perdido»?
La molécula ha sido localizada en la nube molecular G+0,693–0,027, situada a unos 27.000 años luz de la Tierra, en el corazón de la Vía Láctea.
«Una nube molecular es la cuna donde nacen las estrellas y, eventualmente, los sistemas planetarios», explica Valerio Lattanzi, coautor del estudio. «Estamos descubriendo que los ingredientes de la vida ya están presentes en estas guarderías estelares».
Implicaciones para la biología y la exploración espacial
Este descubrimiento, publicado en Nature Astronomy, cambia nuestra comprensión sobre el cronograma de la vida:
- Química Pre-estelar: Demuestra que la base química de la vida comienza mucho antes de la formación de las estrellas.
- Siembra Cósmica: Sugiere que cuando los planetas se forman, ya reciben una «lluvia» de moléculas complejas capaces de iniciar procesos biológicos.
- Nuevos horizontes: Los científicos creen que esto es solo la punta del iceberg y que existen moléculas aún más grandes y complejas esperando ser detectadas por telescopios de nueva generación.
Un mapa de nuestros orígenes
El trabajo del Instituto Max Planck añade una pieza fundamental al puzle de la evolución química. Al entender cómo se pasa de moléculas simples a anillos complejos en el vacío del espacio, estamos más cerca de responder a la pregunta de cómo surgió la vida en la Tierra y si este proceso es común en el resto del universo.


















