Mientras las imágenes y los datos confirman un flujo constante e incesante de atenciones médicas en el enclave ceutí, la respuesta que llega desde la sede del Ministerio de Sanidad peca de una desconectada autocomplacencia. La afirmación del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) y de la ministra Mónica García de que Ceuta cuenta con «todos los recursos necesarios» y que la situación está bajo control contraviene la cruda realidad del terreno, donde la sanidad pública se sostiene sobre un frágil equilibrio de contención.
Tratar de mitigar la percepción de crisis asegurando que la urgencia migratoria no repercute en la población local resulta, como poco, un ejercicio de cinismo burocrático. Que el propio Hospital Universitario de Ceuta mantenga activado el nivel 1 del Plan de Catástrofes evidencia que la dinámica asistencial dista de ser la habitual de un servicio de salud estandarizado. Activar un protocolo de emergencias extraordinario mientras se insiste verbalmente en que reina la normalidad no es calma; es una contradicción comunicativa para eludir el envío masivo e inmediato de refuerzos.
Las cifras ofrecidas por el propio balance oficial hablan por sí solas: más de 200 atenciones en solo 24 horas, decenas de traslados en ambulancia y un hospital con más de una veintena de personas ingresadas por causas vinculadas a la crisis. Pretender minimizar este impacto basándose únicamente en el porcentaje general de camas libres supone ignorar la sobrecarga directa que sufren los profesionales de Atención Primaria, el personal del 061 y las urgencias hospitalarias, exhaustos ante un repunte continuado de la demanda.
Es especialmente alarmante que la propia ministra reconozca las condiciones de «hacinamiento e insalubridad» en las que llegan las personas asistidas y admita el riesgo inherente de brotes epidemiológicos, para acto seguido limitarse a apelar a soluciones pasadas sin comprometer un plan de choque estructural con más personal y medios materiales.
La sanidad pública no se gestiona cruzando los dedos para evitar el colapso, ni parapetándose en comunicados triunfalistas mientras la presión sobre el sistema de salud no deja de aumentar. Ceuta no necesita discursos que maquillen la saturación asistencial; necesita que la cartera de Sanidad asuma la envergadura de la crisis y actúe con la contundencia de recursos que la situación sobre el terreno exige.












