Tres empresarios coinciden en que los impuestos y la burocracia ponen en riesgo la viabilidad de las pymes
Los autónomos de Ceuta llevan tiempo advirtiendo de una situación que consideran insostenible. A finales de 2025, muchos de ellos salieron a la calle con pancartas para visibilizar el malestar de un sector clave del tejido económico local, una protesta que reflejó el descontento creciente entre pequeños empresarios y comerciantes.
Detrás de aquellas imágenes hay historias personales que explican por qué el colectivo ha decidido alzar la voz. Tres testimonios recogidos por El Faro coinciden en un diagnóstico común: la elevada presión fiscal, el aumento de la burocracia y la falta de facilidades administrativas están asfixiando a los negocios, hasta el punto de hacer inviable su mantenimiento a largo plazo.
Quino Blanco, propietario del restaurante La Barraca, fue uno de los participantes en la movilización. “Si se siguen subiendo los impuestos, se acaban los autónomos. Nadie va a querer montar nada con este panorama”, afirma. En su opinión, las administraciones deberían replantearse la forma en la que se fiscaliza a quienes generan empleo y actividad económica.
Una visión similar comparte Juan Enrique Serrano, responsable del comercio Aldama. Aunque reconoce que Ceuta cuenta con una fiscalidad diferente a la Península, teme la posible eliminación de bonificaciones. “Cada vez encontramos más trabas y menos facilidades. Eso genera mucha preocupación”, señala. Para Serrano, la implantación del sistema VeriFactu ha sido uno de los detonantes de las protestas, al entender que supone un mayor control sin el tiempo ni la orientación necesarios para adaptarse.
A estas voces se suma la de Álvaro de los Ríos, un empresario que acaba de iniciar su andadura como autónomo tras poner en marcha la clínica Lazarus. “Llevo poco tiempo y ya solo he encontrado obstáculos: dificultades para empezar, pagos desde el primer momento y una burocracia tan compleja que te obliga a contratar un gestor”, explica. Considera que estos servicios deberían ser más accesibles para quienes no tienen formación económica.
De los Ríos admite que al iniciar la actividad hay que asumir que los números rojos llegan antes que los beneficios y que las pérdidas recaen íntegramente sobre el empresario. En su caso, compagina el negocio con su trabajo como médico de la AD Ceuta, lo que le permite hacer frente a gastos e imprevistos.
Aunque reconoce la existencia de ayudas, critica que los trámites sean lentos y complicados. “Hay compañeros que han tardado cuatro o cinco meses en poder abrir por la espera de licencias. Durante ese tiempo hay que pagar alquileres y gastos sin ingresar nada”, denuncia. Una situación que, a su juicio, desincentiva el emprendimiento y transmite la sensación de que el Estado no acompaña el riesgo que asumen los autónomos.
Blanco y Serrano coinciden en que, con este escenario, lanzarse a montar un negocio resulta cada vez más difícil. “El autónomo, tal y como está planteado hoy, no tiene viabilidad”, asegura el hostelero. Serrano añade que solo sobreviven los comercios ya consolidados y conocidos por la clientela, mientras que emprender desde cero supone un riesgo excesivo.
Ambos recuerdan que en décadas anteriores iniciar una actividad era más sencillo y flexible. “Ahora todo está bajo lupa. Un error administrativo puede acabar en sanciones o en la devolución de ayudas”, lamenta Serrano. Blanco, por su parte, subraya que los costes no dejan de crecer y que, pese a ello, los beneficios se reducen notablemente. “De cada euro que ganas, la mayor parte se la queda el Estado”, afirma.
Entre las posibles soluciones, los empresarios reclaman una fiscalidad más favorable, menos rigidez administrativa y medidas que compensen la pérdida de actividad económica tras el cierre de la frontera. “Era un pulmón para la ciudad. Hay que buscar alternativas que generen riqueza y hagan Ceuta más atractiva para las empresas”, apunta Serrano.
Con la vista puesta en 2026, los autónomos advierten de que el año será decisivo. “Si nada cambia, muchos negocios que hoy resisten no podrán cubrir los costes y acabarán cerrando”, concluyen.


















