La tragedia de los recientes accidentes ferroviarios, que en Córdoba causaron 45 muertos y en Barcelona un fallecido más, ha provocado una intensificación de la confrontación política entre el Partido Popular (PP) y el Gobierno central. En el seno del PP se prepara una ofensiva política dirigida contra el ministro de Transportes, Óscar Puente, a quien la dirección popular considera políticamente acabado.
Tras unos primeros días marcados por el luto oficial y un tono moderado por parte del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, el principal partido de la oposición ha pasado a endurecer su discurso contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Aunque no se ha reclamado formalmente la dimisión del ministro, en Génova se da por hecho que su continuidad política está seriamente comprometida por su gestión de la red ferroviaria.
La estrategia del PP no está exenta de tensiones internas. Por un lado, Feijóo y algunos dirigentes territoriales apuestan por mantener cierta prudencia para evitar una confrontación excesiva en un momento de conmoción social. Por otro, sectores más duros del partido, con figuras como Isabel Díaz Ayuso, defienden una oposición frontal desde el inicio y consideran que el Gobierno debe asumir responsabilidades políticas inmediatas.
Este cambio de tono se produce en un contexto electoral sensible, con varias citas autonómicas próximas y con sondeos que apuntan a un crecimiento de la derecha y la extrema derecha. Dentro del PP existe el temor de que una actitud excesivamente contenida pueda beneficiar a Vox, lo que ha empujado a la dirección a reforzar su presión política sobre el Ejecutivo.
Desde Moncloa, el Gobierno trata de rebajar la tensión y asegura que su prioridad es la gestión de la crisis y el esclarecimiento de las causas de los accidentes. No obstante, la escalada verbal entre las principales fuerzas políticas refleja un clima de creciente polarización, en un momento en el que la tragedia ferroviaria ha marcado de forma decisiva la agenda política nacional.


















