La población ucraniana enfrenta temperaturas de hasta 20 grados bajo cero tras los ataques sistemáticos del régimen de Vladimir Putin contra la red eléctrica del país. Miles de civiles buscan refugio en carpas improvisadas con generadores para calentarse y acceder a comida caliente, mientras la infraestructura básica permanece destruida.
Olga y Tetiana, residentes de Kiev, nunca habían vivido una situación semejante en sus más de 80 años de vida. “Nunca habíamos tenido que calentar agua en un horno de gas ni dormir con el abrigo puesto rodeadas de botellas de agua para no morir congeladas”, cuentan. “Ni perdonamos ni nos rendimos”, añaden, reflejando el sentimiento generalizado en la población.
La capital y otras ciudades, como Járkiv, están literalmente congeladas. La nieve se acumula en las calles y los hogares permanecen sin electricidad ni calefacción durante 20 horas al día. Los trabajadores de las empresas energéticas, considerados “héroes de la energía”, intentan restablecer el servicio bajo condiciones extremas y bajo la amenaza constante de ataques de drones.
Los bombardeos no discriminan entre ucranoparlantes o rusoparlantes y constituyen, según expertos, un crimen de guerra. El régimen de Moscú asegura proteger a la población rusoparlante, pero la realidad es que todos los ciudadanos sufren por igual. La red eléctrica se ha visto comprometida tras ataques a subestaciones y líneas de alta tensión, afectando incluso la producción en centrales nucleares por motivos de seguridad.
El frío extremo se suma a la crisis: la actual ola de invierno es la más intensa desde 1996, con temperaturas bajo los 20 grados negativos y prolongadas nevadas que dificultan la movilidad y la recuperación de la infraestructura. La población recurre a generadores, agua caliente en botellas y servicios de internet satelital como Starlink para mantenerse comunicada y protegida.
Niños y ancianos pasan gran parte del día en carpas improvisadas, donde pueden cargar sus teléfonos, recibir clases online y mantener algo de calor. Cuatro amigos de entre 10 y 13 años aseguran: “No tenemos calefacción en la escuela y no tenemos internet en casa, pero aquí sí. Nunca nos rendiremos”.
Mientras tanto, la demanda de medicamentos antidepresivos ha aumentado un 25% en lo que va de año, reflejo del impacto psicológico del ataque combinado de misiles y frío extremo. Volodimir Zelenski denuncia que Rusia utiliza el frío como “palanca” contra la población y pide mayor apoyo internacional para neutralizar estos ataques.
A pesar de los esfuerzos internacionales y la entrega de generadores y recambios, las acciones rusas continúan dejando a gran parte de Ucrania sin electricidad y calefacción, mostrando la resiliencia de la población frente a un invierno y un conflicto implacables.















