La crisis migratoria que atraviesa Ceuta desde finales de julio empieza a tener también consecuencias en la vida cotidiana de muchas familias. Algunos padres han optado por trasladar temporalmente a sus hijos a la Península, ante la preocupación por la situación en las calles, la presencia de miles de personas sin alojamiento y la sensación de inseguridad que aseguran estar viviendo en determinados barrios.
Los testimonios recogidos reflejan una misma preocupación: evitar que los menores tengan que permanecer encerrados en casa o modificar por completo sus rutinas mientras la ciudad intenta recuperar la normalidad.
“No queremos que nuestros jóvenes y niños estén aquí”
Una de esas madres, identificada como Sam, explica que decidió marcharse de Ceuta pocas horas después de comenzar la crisis.
Inicialmente viajó junto a su familia hasta Fuengirola, en Málaga, donde permanecieron en casa de unos amigos. Posteriormente tuvo que regresar a Ceuta, pero decidió que su hijo continuara unos días en la Península, esta vez con familiares en Elche, Alicante.
“Hay miedo a ir por las calles”, asegura.
Su caso no sería aislado. Otras familias han tomado decisiones similares recurriendo a familiares y amigos residentes en Andalucía u otros puntos de España.
Dos niñas de 9 y 11 años, enviadas a Algeciras
Fátima, otra madre ceutí, decidió trasladar a sus dos hijas, de 9 y 11 años, después de haber permanecido varios días prácticamente sin salir de casa.
Las menores viajaron en ferry hasta Algeciras, donde fueron recogidas por una amiga de la familia que vive en San Fernando, Cádiz.
La familia ha improvisado para ellas una especie de campamento de verano junto a otros niños.
“Por lo menos allí pueden estar en la calle, pueden respirar”, explica su madre, que reconoce sentirse más tranquila sabiendo que las menores pueden mantener una rutina más normal.
Tres hermanos permanecen temporalmente en Sevilla
Una situación parecida ha vivido Mariam, madre de tres menores con edades comprendidas entre los 8 y los 17 años.
La mujer decidió trasladarlos hasta Sevilla, donde reside su hermana, y por el momento no tiene intención de que regresen inmediatamente a Ceuta.
“No quiero que mis hijos tengan que vivir encerrados o estar con miedo”, afirma.
Los testimonios muestran cómo algunas familias han recurrido a su red de familiares en la Península para alejar temporalmente a los menores de una situación que consideran excepcional.
Familias que cambian incluso sus vacaciones
La crisis también ha alterado planes familiares y vacaciones.
Mamtu, una ceutí residente en Canarias que tenía previsto regresar como cada año a la ciudad para participar en las fiestas patronales, terminó modificando su viaje y quedándose inicialmente en Estepona.
Cuando finalmente viajó a Ceuta junto a su hija de 18 años, decidió no permitirle regresar sola a casa durante la noche, pese a que el trayecto era relativamente corto.
Otros familiares optaron directamente por desplazarse hasta Torremolinos, donde disponían de una segunda residencia, y permanecer allí mientras la situación siga siendo incierta.
Menores que sufren pesadillas y ansiedad
El impacto no es únicamente logístico.
Algunas familias aseguran que los niños están experimentando miedo, problemas para dormir y cambios en su comportamiento.
Sam relata que algunos de sus sobrinos pequeños, que continúan en Ceuta con sus padres, han comenzado a sufrir pesadillas.
Según su testimonio, los menores se aferran a sus padres cuando encuentran grandes grupos de personas en la calle.
También algunos adultos habrían recurrido a asistencia médica por episodios de ansiedad relacionados con la situación vivida durante estos días.
La presencia de miles de personas sigue condicionando la ciudad
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, situó este lunes en alrededor de 80.000 las personas que habrían entrado irregularmente en Ceuta durante los episodios iniciados a finales de julio, según las cifras recogidas en la información disponible.
Una parte muy importante habría regresado posteriormente a Marruecos, aunque las autoridades ceutíes continúan alertando de que miles de personas permanecen todavía en la ciudad.
La falta de alojamiento y recursos para atenderlas está provocando situaciones de especial presión en determinados puntos.
Las propias familias entrevistadas matizan que no consideran que las personas migrantes sean peligrosas por el simple hecho de serlo, pero sí expresan preocupación por las consecuencias de que grandes grupos permanezcan durante días sin alojamiento, comida suficiente o recursos.
Denuncias e investigaciones abiertas aumentan la preocupación
Durante los últimos días también se han presentado denuncias relacionadas con agresiones sexuales, robos y entradas en viviendas, circunstancias que han contribuido a aumentar la sensación de inseguridad entre parte de la población.
Algunos de estos casos se encuentran actualmente bajo investigación judicial o policial, por lo que las denuncias no pueden considerarse hechos probados hasta que concluyan las pesquisas correspondientes.
Entre las investigaciones abiertas figuran varias denuncias por agresiones sexuales contra mujeres migrantes, incluidas menores.
También se han conocido denuncias relacionadas con presuntos allanamientos y robos registrados en diferentes puntos de la ciudad.
Miles de ceutíes salieron a la calle el domingo
La preocupación social desembocó este domingo en una multitudinaria concentración en la Plaza de la Constitución.
La convocatoria, respaldada por las comunidades cristiana, musulmana, hebrea e hindú y por colectivos vecinales, reunió a miles de ciudadanos bajo el lema “¡Basta ya! Ceuta no se rinde”.
Los asistentes reclamaron más recursos, seguridad y respuestas institucionales para que la ciudad pueda recuperar cuanto antes su funcionamiento habitual.
El mensaje oficial de la convocatoria insistió también en compatibilizar la protección de la convivencia y la seguridad con el respeto a la dignidad y los derechos de las personas migrantes.
Familias pendientes de cuándo podrán regresar sus hijos
Mientras las administraciones intentan gestionar las consecuencias de la crisis, algunas familias ceutíes continúan mirando hacia la Península.
Para quienes disponen de familiares, amigos o una segunda residencia fuera de la ciudad, marcharse temporalmente se ha convertido en una alternativa para que sus hijos mantengan cierta normalidad.
Otros no tienen esa posibilidad y permanecen en Ceuta intentando adaptar su vida diaria a una situación que todavía consideran excepcional.
La gran incógnita para estas familias es ahora cuándo sentirán que sus hijos pueden volver a caminar por las calles y recuperar sus rutinas sin miedo.
















