Durante más de una década, China dominó la fabricación de baterías baratas para coches eléctricos, energías renovables y dispositivos energéticos, pero ese liderazgo ha generado una dependencia global sin una alternativa industrial sólida. Ahora que los precios suben y se acentúa el control de Pekín, el mundo se enfrenta a un dilema estructural en la transición energética.
Durante años, las baterías de iones de litio —el componente central de vehículos eléctricos, almacenamiento energético y centros de datos— se abarataron de forma continua gracias a la producción masiva china. Este descenso en precios fue posible porque China dominó toda la cadena de valor: desde el proceso del litio hasta la producción de ánodos y electrolitos, con una capacidad que llega a representar casi el 90 % de algunos componentes críticos.
Ese dominio permitió una caída constante de costes y facilitó la expansión del coche eléctrico y las energías limpias en Occidente, que delegó gran parte de su industria de baterías en proveedores chinos. El resultado fue un modelo cómodo en el corto plazo, pero que no incentivó a Europa, Estados Unidos o Japón a desarrollar alternativas competitivas, ni a construir una infraestructura productiva propia capaz de competir sin subsidios o medidas proteccionistas.
El detonante del cambio ha sido el repunte del precio del litio, que ha registrado un aumento significativo en los últimos meses debido a la mayor demanda global —incluido el auge de centros de datos para inteligencia artificial— y a la intervención industrial del Estado chino. Con el alza de los precios y la posibilidad de que Pekín modifique políticas de exportación o licencias, la falta de opciones competitivas fuera de China se ha convertido en un problema real.
El problema no solo es de coste: también es geoestratégico. La dependencia de una sola región para un elemento tan crítico como las baterías hace que las cadenas de suministro sean vulnerables a decisiones políticas o restricciones regulatorias. Sin una industria propia madura fuera de China, muchos países se encuentran ahora con pocas alternativas industriales reales para sostener su transición energética o sus planes de electrificación transportista y energética.
Claves del problema energético global
- China domina la cadena de suministro de baterías, desde el litio hasta componentes críticos.
- El precio del litio ha subido considerablemente, presionando los costos de producción.
- Occidente no desarrolló alternativas competitivas durante años de baterías baratas.
- La dependencia de China representa un riesgo geopolítico y económico.
- La falta de una industria propia limita la resiliencia frente a cambios de mercado.
La era de las baterías baratas ha terminado, pero lo que muchos no vieron venir fue que esa comodidad temporal se transformaría en una dependencia estratégica. Sin una alternativa industrial consolidada fuera de China, los países que apostaron por baterías asequibles se enfrentan ahora a precios más altos, vulnerabilidad en la cadena de suministro y una urgencia creciente por desarrollar sus propias soluciones. El futuro de la transición energética —y de la independencia tecnológica— pasa por invertir seriamente en opciones locales antes de que sea demasiado tarde.


















