El anuncio de los bombardeos aéreos realizados por Pakistán el pasado domingo ha sacudido la región fronteriza con Afganistán, where se notificaron decenas de muertos y heridos, incluidos muchos niños. Este ataque es uno de los más significativos desde los enfrentamientos acalorados que se produjeron en octubre, dejando una estela de devastación a su paso.
Pakistán ha justificado estos bombardeos como respuesta a «recientes atentados suicidas» que han afectado al país, incluyendo uno trágico que tuvo lugar en una mezquita de Islamabad a inicios de febrero, donde murieron 40 personas. Esta reacción del ejército paquistaní se centra en la supuesta amenaza que representan los grupos armados que operan desde el territorio afgano.
De acuerdo al Ministerio de Información de Pakistán, los bombardeos fueron ataques selectivos basados en inteligencia, dirigidos a campamentos y refugios de terroristas vinculados a los talibanes paquistaníes (TTP). Sin embargo, no se precisó la localización de los bombardeos, lo que ha suscitado incertidumbre y preocupación en la comunidad internacional.
El portavoz de los talibanes afganos, Zabihullah Mujahid, condenó los ataques en X, afirmando que Pakistán había atacado a civiles en las provincias de Nangarhar y Paktika, causando “decenas de mártires y heridos, entre ellos mujeres y niños”. Estos ataques han avivado tensiones ya existentes entre ambos países, que han estado en conflicto desde que los talibanes asumieron el control de Kabul en 2021.
La situación en el distrito de Bihsud, en Nangarhar, es particularmente desgarradora. Testigos han reportado a personal de rescate buscando víctimas entre los escombros de varios edificios destruidos, donde al menos 17 personas, entre las que se encontraban 12 niños y adolescentes, perdieron la vida. La cifra de muertos ha conmocionado a la comunidad y magnificado las críticas hacia las acciones militares de Pakistán.
Las tensiones entre Pakistán y Afganistán no son nuevas; ambos países se acusan mutuamente por la presencia de militantes en sus respectivos territorios. Pakistán sostiene que Afganistán alberga a terroristas que llevan a cabo ataques en su nación, mientras que el gobierno afgano niega tales acusaciones. Este ciclo de blame game ha llegado a un punto crítico, especialmente después de los enfrentamientos de octubre, que dejaron un saldo de 47 civiles afganos muertos.
Las relaciones entre los dos países han sufrido un deterioro notable en meses recientes, culminando en una serie de ataques y represalias. Islamabad ha argumentado que los bombardeos del domingo fueron motivados por la falta de acción por parte de las autoridades talibanas en Afganistán contra los grupos armados que operan desde su territorio, lo que ha llevado a un incremento de la tensión en la región.
Desde mediados de octubre, la frontera entre Pakistán y Afganistán se ha cerrado en gran medida, lo que ha afectado el comercio y el movimiento de personas a través de una de las fronteras más transitadas del mundo. La situación humanitaria se complica, y miles de personas que normalmente cruzan la frontera para trabajar o visitar a familiares se encuentran atrapadas.



















