Lo que debía ser una jornada de deporte, esfuerzo y espíritu legionario en Ceuta terminó convirtiéndose en una curiosa historia digna de barra de bar. Mientras miles de participantes recorrían la exigente Cuna de la Legión, un vecino decidió reinterpretar el evento a su manera… creando lo que ya algunos llaman la primera edición de la “Cuna de la Tapa”.
La Cuna de la Legión, una de las pruebas deportivas más emblemáticas de Ceuta, reúne cada año a miles de corredores que afrontan recorridos de hasta 20 y 50 kilómetros entre sudor, esfuerzo y espíritu de superación. Sin embargo, para un ceutí conocido entre sus amigos como Manolo “El Sobaos”, la prueba tenía un significado muy distinto.
Según testigos presenciales, Manolo no apareció en la línea de salida con zapatillas de trail ni con equipación deportiva, sino con unos náuticos que, según él mismo explicó, “agarran muy bien en la barra del bar”. Su interpretación del evento fue radicalmente distinta a la del resto de corredores.
Mientras los participantes avanzaban por el recorrido oficial, Manolo decidió incorporarse a la marea de corredores al grito de “¡Espíritu de Marcha!”, aunque él mismo reconoció posteriormente que había entendido aquello como una invitación a realizar una “marcha de cañas”.
Una carrera… gastronómica
A falta de kilómetros cronometrados, Manolo estableció su propio sistema de competición basado en tapas y raciones. Según relatan los testigos, su particular “recorrido” gastronómico fue digno de estudio.
- Kilómetro 0: salida explosiva con dos montaditos de lomo.
- Avituallamiento 1: sustitución del clásico gel energético por una generosa ración de ensaladilla rusa.
- El Muro: el momento crítico llegó cerca del Mercado Central, cuando intentó calcular cuánto tardaba en comerse un campero completo sin detener el cronómetro imaginario.
El ritmo fue intenso, pero también arriesgado.
El momento crítico
La situación alcanzó su punto más surrealista cuando Manolo intentó realizar el famoso “paso del legionario”, aunque en lugar de portar el fusil reglamentario lo hizo cargando una bandeja de corazones de pollo como si se tratara de un trofeo deportivo.
En ese momento, el equipo sanitario de la prueba tuvo que intervenir ante lo que posteriormente describieron en el parte médico como “empacho de grado legionario”.
El protagonista fue trasladado para su observación mientras los sanitarios trataban de desabrochar el botón del pantalón y devolver la normalidad digestiva al corredor improvisado.
Reacciones y consecuencias
Fuentes cercanas a la organización de la prueba han tomado el incidente con humor, aunque no descartan que en futuras ediciones se cree una categoría paralela para los especialistas en barra.
Eso sí, desde la Comandancia General han querido dejar una advertencia clara para los próximos participantes:
“El chapiri no está autorizado como recipiente para aceitunas”.















