La veterana intérprete se sincera en laSexta sobre el encasillamiento de su icónico personaje, el dolor por la muerte súbita de su hijo y el apoyo de su marido
La actriz María Galiana ha sido la gran protagonista de la entrega final con la que el programa ‘La noche de Aimar’, conducido por Aimar Bretos en laSexta, ha despedido su primera temporada este miércoles. A sus 91 años, la veterana intérprete andaluza ha repasado con sobriedad y firmeza algunos de los pasajes más complejos de su biografía, desvelando el peaje profesional que le supuso encarnar a la emblemática abuela de España en la serie ‘Cuéntame cómo pasó’ y rememorando duros episodios familiares como la pérdida de su esposo y la muerte súbita de uno de sus hijos.
Durante la entrevista, Galiana ha reflexionado sobre los 22 años de grabaciones que dedicó a la producción televisiva. Pese a reconocer que a la serie le debe «la fama y ser considerada la abuela de España», la actriz ha desvelado las limitaciones profesionales que este éxito le impuso. «En esos 22 años que hemos estado grabando me hubiese gustado hacer otros papeles también, siempre lo digo. Papeles de teatro maravillosos, me hubiera encantado hacerlos», ha admitido, señalando de forma directa las reticencias que percibió en el sector escénico debido a la extrema popularidad de su rol en la pequeña pantalla.
La ganadora del Goya ha analizado con espíritu crítico las dinámicas de la industria de la interpretación respecto a su carrera. «Me parece que los productores teatrales que me veían en televisión no pensaban que yo fuese una actriz verdaderamente seria y con capacidad dramática. Porque claro, como era tan buena… Una abuela tan querible, que la gente sigue pensando que soy así», ha lamentado Galiana, incidiendo en las consecuencias de haber sido encasillada por un solo personaje de gran calado social. Actualmente, la actriz se encuentra desvinculada de aquel registro y representa sobre las tablas la obra ‘Yo solo quiero irme a Francia’, un proyecto que aborda la crudeza y la profunda desigualdad de épocas pasadas a través de una mujer que sufre malos tratos en su matrimonio y cuya única ilusión de libertad consiste en cruzar la frontera.
En el plano personal, la conversación en laSexta ha transitado por las vivencias más íntimas de la artista, quien se definió a sí misma como una mujer «muy independiente» antes que feminista. Galiana se ha emocionado visiblemente al recordar la figura de su difunto marido y el respaldo incondicional que este le brindó cuando decidió solicitar una excedencia de su puesto de profesora para volcarse en la actuación. «Se me saltan las lágrimas, no lo puedo remediar. Solamente ver la cara de mi marido cuando me dieron el Goya… Merecía la pena, totalmente», ha evocado con nostalgia.
Asimismo, la intérprete ha abordado con una notable entereza la muerte súbita de su segundo hijo, acontecida cuando el lactante contaba con apenas dos meses de vida. Galiana ha contextualizado cómo afrontó aquella desgracia integrándola en la realidad de su tiempo: «Cuando murió este niño y comuniqué eso, lo que me dijo mi abuela fue ‘angelitos al cielo y ropita al arca'». Al recordar la alta tasa de mortalidad infantil que asumían las generaciones previas, la actriz ha admitido que terminó por conformarse bajo la premisa de no pretender ser distinta a los demás. «Creo que me educaron, y lo conservo, en esa fortaleza de hacerle frente a las cosas malas», ha manifestación.
Finalmente, la entrevista ha tomado un cariz de denuncia social cuando el presentador ha rescatado unas declaraciones de José Sacristán en las que el actor afirmaba no poner lavadoras ni usar teléfono móvil porque se lo podía permitir. Ante esta tesitura, Galiana ha criticado la vigencia de la estructura social actual. «Es la sociedad la que funciona así, la dichosa sociedad patriarcal en la que estamos inmersos y en la que vivimos», ha aseverado, rematando con un recuerdo de sus inicios teatrales y los cuestionamientos que recibía sobre el consentimiento de su cónyuge: «Siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Una gran esclava diría yo».


















