La colisión de la etapa superior del Falcon 9, prevista para el próximo 5 de agosto, alcanzará los 8.700 km/h y reabre el debate sobre la falta de regulación para la basura espacial.
MADRID — Un cohete Falcon 9 de la compañía SpaceX se estrellará contra la superficie lunar el próximo miércoles 5 de agosto a las 7:30 horas (hora peninsular española). El objeto, que lleva vagando por el espacio sin control ni combustible suficiente desde enero de 2025, impactará a una velocidad estimada de 8.700 kilómetros por hora cerca del cráter Einstein, en el límite entre la cara visible y la cara oculta del satélite.
Se trata de la etapa superior del lanzador —un módulo inerte de más de 12 metros de largo y cuatro toneladas de peso— que fue empleado dentro del programa CLPS de la NASA para impulsar las naves privadas Blue Ghost (Firefly Aerospace) y Resilience (Ispace) en el marco de la carrera por el regreso a la Luna.
Oportunidad científica sin precedentes
Aunque la colisión no representa peligro alguno para la Tierra, ofrece una ocasión única para la comunidad astronómica. A diferencia de las caídas de meteoritos naturales, en esta ocasión los científicos conocen con exactitud la masa, la trayectoria y la velocidad del impacto.
Entre las oportunidades de estudio destacan:
- Formación de cráteres: Se podrá analizar en tiempo real la profundidad, el diámetro y la energía liberada durante la colisión de un objeto de origen artificial.
- Comportamiento del regolito: Se calcula que el choque levantará cerca de una tonelada de regolito (polvo lunar) hasta tres kilómetros de altura.
- Observación: Aunque el destello será difícil de apreciar a simple vista desde la Tierra por producirse en una zona iluminada por el Sol, las sondas que orbitan la Luna podrán fotografiar y registrar la huella dejada por el impacto.
La problemática de la basura espacial
El choque no es un caso aislado. En marzo de 2022, la etapa de un cohete chino descontrolado desde 2014 protagonizó la primera colisión accidental registrada de un objeto humano contra la Luna.
El evento reabre la alarma entre los expertos sobre la proliferación de desechos espaciales, un problema que afecta a la órbita terrestre —donde la ONU calcula que orbitan más de 140 millones de fragmentos a 28.000 km/h— y que amenaza con trasladarse al espacio cislunar ante el incremento de misiones comerciales y tripuladas.
Especialistas en la materia advierten de que, a día de hoy, el marco regulatorio internacional sigue siendo insuficiente y carece de normativas vinculantes u organismos con capacidad de sanción para evitar que los restos de vehículos espaciales queden abandonados en el cosmos.

















