En la clausura de la Cumbre de Impacto de IA en Nueva Delhi, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha puesto sobre la mesa una propuesta ambiciosa para democratizar el futuro digital. Con el objetivo de evitar que la Inteligencia Artificial sea un coto privado de las grandes potencias y de un puñado de magnates tecnológicos, Guterres ha solicitado la creación de un Fondo Global de 3.000 millones de dólares para dotar de infraestructuras y capacidades básicas a las naciones menos desarrolladas.
Un «pequeño precio» contra el monopolio tecnológico
Guterres ha sido inusualmente directo al señalar que el desarrollo de la IA no puede quedar en manos de una élite económica. Según el mandatario, la cifra solicitada —3.000 millones de dólares— representa menos del 1% de los ingresos anuales de una sola de las grandes corporaciones del sector. Este fondo se destinaría a cuatro pilares estratégicos:
- Capacidad de cómputo asequible: Facilitar acceso a servidores y potencia de procesamiento a países del Sur Global.
- Datos y habilidades: Formar a trabajadores para que la IA aumente el potencial humano en lugar de reemplazarlo.
- Ecosistemas inclusivos: Garantizar que los beneficios de la productividad tecnológica no ensanchen la brecha de desigualdad entre naciones.
- Protección infantil: Guterres fue tajante al exigir que «ningún niño sea sujeto de prueba de una tecnología no regulada».
Ciencia contra el «miedo y el bombo publicitario»
Para contrarrestar la narrativa actual del sector, el secretario general ha anunciado la creación de un Panel Científico Internacional Independiente. Este organismo, formado por 40 expertos, tendrá la misión de aportar evidencias científicas que sustituyan tanto el entusiasmo desmedido como el alarmismo existencial que dominan el debate público.
Además, la ONU liderará en Ginebra, el próximo mes de julio, un Diálogo Global sobre Gobernanza. El objetivo es establecer estándares de seguridad y «barandillas» que garanticen que la supervisión y la responsabilidad humana sigan siendo el centro de cada avance técnico, colocando la dignidad humana como el «ajuste predeterminado» de cualquier algoritmo.
El coste ambiental de la innovación
Otro de los puntos clave del discurso ha sido la exigencia de una transición verde para las infraestructuras digitales. Guterres ha denunciado el alto consumo de agua y electricidad de los centros de datos, exigiendo que las compañías tecnológicas no trasladen estos costes ambientales a las comunidades más vulnerables. El éxito de la IA, concluyó el mandatario, no se medirá por los beneficios bursátiles de unos pocos, sino por su capacidad para proteger el planeta y mejorar la vida de la mayoría.




















