El Estádio da Luz fue testigo de una de las escenas más bochornosas de la presente Champions League. En un intento desesperado por ocultar su declive futbolístico y la derrota del Benfica ante el Real Madrid, Nicolás Otamendi recurrió a la «chicana» barata: levantarse la camiseta para mostrarle a Vinícius Júnior su tatuaje de la Copa del Mundo. El gesto, que ya es viral, ha sido duramente criticado al ser interpretado como el último refugio de un jugador que ostenta un título en el que su aportación fue, como mínimo, cuestionable.
El tatuaje como escudo ante la falta de fútbol
Durante el encuentro, y tras el gol de Vinícius que sentenció el partido, la frustración del central argentino afloró en forma de soberbia. Ante los reproches del brasileño por el juego brusco y el ambiente hostil, Otamendi señaló el grabado de Lionel Messi y el trofeo de Qatar 2022 en su torso con un tajante: «Esta no la tenés, esta es mía».
Sin embargo, el desplante carece de peso real cuando se analiza su paso por la cita mundialista. Mientras Otamendi presume del trofeo frente a uno de los mejores jugadores del mundo en la actualidad, el mundo del fútbol recuerda que su papel en Qatar fue el de un actor secundario que casi le cuesta el título a su país:
- Un lastre defensivo: Su lentitud obligó a sus compañeros a redoblar esfuerzos durante todo el torneo.
- El error de la final: Fue su falta de criterio la que provocó el penal sobre Kolo Muani, reviviendo a una Francia que estaba hundida y poniendo en jaque el sueño de Messi.
- Sombra de leyendas: Su titularidad se entendió más como un homenaje a su veteranía que como una necesidad táctica, siendo el «Dibu» Martínez y el astro rosarino los verdaderos arquitectos del éxito.
Un clima de tensión y denuncias de racismo
La provocación de Otamendi llegó en el peor momento posible. El partido ya se encontraba bajo la lupa tras activarse el protocolo de racismo por los supuestos insultos de Gianluca Prestianni hacia Vinícius. En lugar de ejercer como un capitán responsable y calmar los ánimos, Otamendi prefirió alimentar el fuego de la confrontación personal, utilizando un éxito colectivo —del cual fue un beneficiario marginal— para intentar menospreciar la carrera de un delantero que le superó en velocidad y talento durante los 90 minutos.
Ficción en la piel, realidad en el césped
Resulta irónico que el defensor luzca tatuajes de series como Peaky Blinders o Prison Break y frases sobre «magia», cuando su actuación en el campo dista mucho de la épica que intenta proyectar. Al final del día, el marcador en Da Luz reflejó la realidad actual: el Real Madrid de Vinícius se llevó la victoria y Otamendi se quedó solo con su tatuaje, aferrándose a un pasado donde su medalla de oro brilla mucho más que su rendimiento individual.












