El acusado reconoció los hechos tras ser detenido por la Guardia Civil en el puerto de Ceuta con la droga oculta en los faldones de un monovolumen.
CEUTA — El eslabón más débil de las redes del narcotráfico vuelve a pagar el precio más alto. Z.Ch., un joven con permiso temporal de residencia en España, ha sido condenado a tres años y dos meses de prisión tras ser interceptado en el puerto de Ceuta con un cargamento de hachís.
El titular del Juzgado de lo Penal número 2 del Tribunal de Instancia ha dictado la sentencia después de que el acusado reconociera los hechos. Por su parte, la persona que lo acompañaba en el momento del embarque ha quedado completamente exculpada de cualquier responsabilidad penal.
El escondite: 183 pastillas en los faldones del coche
La detención se produjo el pasado 15 de mayo durante los controles rutinarios de la Guardia Civil previos al embarque con destino a Algeciras. El condenado conducía un vehículo monovolumen marca Hyundai que había sido modificado estratégicamente para el transporte de sustancias ilícitas.
Tras una minuciosa inspección, los agentes de la Benemérita localizaron el cargamento oculto en el hueco natural de los faldones laterales del coche. En total, se intervinieron 183 pastillas de hachís, que arrojaron un peso de 21,5 kilogramos. A pesar del esfuerzo de la red por hacer pasar la droga desapercibida, la pericia policial frustró el envío.
El factor clave: Los métodos de ocultación son cada vez más sofisticados, lo que obliga a la Guardia Civil a emplear a fondo la destreza de los agentes y, sobre todo, el olfato de los perros del Servicio Cinológico, determinantes para detectar estos dobles fondos.
Los «peones» del Estrecho
Este caso refleja una realidad matemática y constante en el puerto ceutí. Las organizaciones criminales necesitan de estos «enlaces» o «cabezas de turco» para salvar la frontera marítima del Estrecho. Personas que, asediadas por la necesidad o captadas por las redes, se prestan a conducir vehículos previamente preparados por los dueños de la mercancía.
Para Z.Ch., el viaje terminó antes de empezar. Su destino final no será la península, sino una celda en el centro penitenciario de Mendizábal, donde cumplirá su pena de tres años entre rejas.















