Un estudio de la USC y Caltech sugiere que el uso excesivo de redes sociales responde a comportamientos automáticos y no a una patología, señalando que el término «adicción» puede ser contraproducente.
Seguro que te ha pasado: cierras Instagram y, sin darte cuenta, tu dedo vuelve a pulsar el icono de la cámara multicolor apenas dos segundos después. Este comportamiento, que muchos etiquetan rápidamente como adicción, podría ser en realidad algo mucho más simple y, a la vez, difícil de gestionar: un hábito profundamente arraigado.
Este viernes 6 de febrero de 2026, analizamos una investigación publicada en Scientific Reports que pone en duda la narrativa catastrofista sobre nuestra salud mental digital. El estudio, liderado por la psicóloga Wendy Wood y el neurocientífico Ian Anderson, revela que existe una brecha enorme entre cómo nos sentimos y la realidad clínica de nuestro comportamiento.
Las cifras de la «falsa adicción»
El estudio analizó a más de 1.200 adultos estadounidenses y los resultados son reveladores:
- Percepción subjetiva: El 18% de los usuarios cree estar «algo adicto» a Instagram.
- Realidad clínica: Solo el 2% presenta síntomas reales de adicción (abstinencia, pérdida total de control, consecuencias graves en su vida).
- La conclusión: La inmensa mayoría de nosotros no somos «adictos», sino esclavos de un bucle de hábito.
Diferencia clave: Hábito vs. Adicción
Para entender por qué no podemos dejar de hacer scroll, es vital diferenciar estos dos conceptos:
| Característica | Hábito | Adicción |
| Origen | Repetición constante en el tiempo. | Necesidad patológica y dependencia. |
| Control | Se puede modificar cambiando el entorno. | Requiere intervención terapéutica compleja. |
| Efecto | Conducta automática (piloto automático). | Ansia intensa (craving) y síndrome de abstinencia. |
«Un hábito es una conducta que repites; el problema es cuando se convierte en una necesidad. Ahí es cuando hablamos de adicción», explica Esther Rincón, investigadora de la Universidad CEU San Pablo.
El papel de los medios: ¿Nos han convencido de que estamos enfermos?
El segundo estudio de Wood y Anderson analizó la prensa entre 2021 y 2024. Descubrieron que por cada artículo que mencionaba el «hábito» de las redes sociales, había 87 artículos que hablaban de «adicción».
Esta narrativa tiene un efecto psicológico perverso:
- Menos control: Si crees que eres un adicto, sientes que no tienes poder para cambiar.
- Más culpa: El usuario se siente incapaz y se castiga a sí mismo, lo que genera ansiedad… y más ganas de evadirse en la red social.
- Baja autoeficacia: Al etiquetarlo como enfermedad, dejamos de buscar soluciones prácticas basadas en la disciplina del hábito.
El panorama en España: Instagram al alza
En nuestro país, los datos de la CNMC y de IAB Spain de este 2026 confirman que Instagram sigue ganando terreno:
- Es la red con mayor frecuencia de uso junto a WhatsApp.
- El 75% de los usuarios entra una o varias veces al día.
- La Generación Z y los Millennials son los que dedican más tiempo, con una media de 5,1 redes sociales activas al mes.
¿Cómo romper el bucle del ‘scroll’?
Si entendemos que es un hábito, la solución no es la «desintoxicación» médica, sino la reestructuración del entorno:
- Romper la señal: Mueve la aplicación de la pantalla de inicio o desactiva las notificaciones.
- Aumentar la fricción: Desinstala la app el fin de semana para que el cerebro no actúe en «piloto automático».
- Cambiar el enfoque: Deja de llamarte «adicto» y empieza a llamarlo «comportamiento automático». Esto te devuelve la responsabilidad y el control.




















