Brasil está ultimando una de las mayores infraestructuras hidráulicas del planeta: un canal artificial de más de 145 kilómetros destinado a llevar agua a las regiones más áridas del país, un proyecto colosal que pretende garantizar el suministro a millones de personas afectadas por la sequía crónica.
El país sudamericano afronta un ambicioso reto: combatir la falta estructural de agua en el nordeste brasileño. Para ello está desarrollando el llamado Cinturão das Águas do Ceará, una gigantesca red de canales que muchos ya califican como un auténtico “río artificial”. Su función es sencilla en concepto, pero enorme en ejecución: transportar el agua desde zonas donde abunda hacia regiones donde escasea.
La infraestructura ya se encuentra en una fase muy avanzada y forma parte de la mayor obra hidráulica del país, conectada al sistema del río São Francisco. Desde la presa de Jati, el agua recorrerá aproximadamente 145,3 kilómetros de canales atravesando zonas extremadamente secas del interior brasileño.
Lejos de ser solo una tubería gigante, el sistema está compuesto por canales abiertos, túneles y sifones, diseñados para aprovechar la gravedad. De esta manera el agua fluye “cuesta abajo” sin necesidad de bombeo continuo, reduciendo el consumo energético y los costes operativos.
El objetivo del proyecto es principalmente humano: asegurar el abastecimiento en una región con fuerte estrés hídrico. Directamente permitirá abastecer a cientos de miles de habitantes de decenas de municipios, y de forma indirecta podría garantizar el suministro a más de cinco millones de personas al integrarse con embalses y otras cuencas hidrográficas.
Además de evitar cortes de agua, la infraestructura también tendrá impacto económico. Tras cubrir el consumo doméstico, permitirá impulsar la agricultura de regadío y la actividad industrial en áreas que históricamente han sufrido sequías prolongadas y escasas precipitaciones.
Las autoridades brasileñas consideran la obra un auténtico salvavidas frente a los ciclos de sequía cada vez más frecuentes. Si el calendario se cumple, el agua del río São Francisco llegará de forma directa al interior del estado de Ceará, cambiando radicalmente el equilibrio hídrico de la región.
El “río artificial” brasileño demuestra cómo la ingeniería moderna está tratando de adaptarse a los desafíos climáticos. En un contexto de cambio climático y escasez de agua, proyectos de esta magnitud reflejan una tendencia global: ya no solo se construyen carreteras o aeropuertos, también se construyen ríos para garantizar la supervivencia de ciudades enteras.




















