La historia de la relación entre Estados Unidos e Irán ha estado marcada por eventos significativos y desencuentros. Desde la revolución de 1979, cuando Irán se transformó en una República Islámica, las tensiones han ido en aumento, llevando a un terminó conflicto y hostilidad que sigue latente hasta el presente.
Uno de los primeros sucesos que sentó las bases de esta animosidad fue el golpe de Estado de 1953, respaldado por la CIA, que derrocó al primer ministro iraní Mohammed Mossadegh, reinstaurando al Sha Reza Pahlevi. Este hecho fue visto por muchos iraníes como una infracción a su soberanía y sembró desconfianza hacia Occidente.
La ruptura definitiva de relaciones se produjo en 1979 con la Revolución Islámica, que instauró un gobierno teocrático bajo el liderazgo de Ruholá Jomeiní. Este acontecimiento marcó el fin de la influencia estadounidense en Irán y llevó al asalto de la embajada estadounidense en Teherán, donde 52 funcionarios fueron tomados como rehenes.
A lo largo de la década de 1980, la relación continuó deteriorándose, especialmente cuando Irán se convirtió en un estado patrocinador del terrorismo según Estados Unidos. La invasión de Irán por Irak, con el apoyo de EE.UU., aumentó aún más las tensiones entre ambas naciones.
En los años 2000, la situación no mejoró, y las acusaciones sobre el programa nuclear iraní comenzaron a resonar en el ámbito internacional. En 2002, el presidente George W. Bush calificó a Irán como parte del «Eje del mal», estableciendo un tono agresivo en la política estadounidense hacia Teherán.
Sin embargo, hubo intentos de acercamiento, como el acuerdo nuclear de 2015, que prometía un alivio de sanciones a cambio de restricciones en el programa nuclear iraní. Esta fue una de las pocas ocasiones en que ambos países parecieron estar en vías de cooperación.
La llegada de Donald Trump a la presidencia en 2017 marcó el regreso a una política de confrontación. En 2018, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear, desencadenando una nueva ola de sanciones y tensiones. Su administración implementó una estrategia de «máxima presión» que buscaba debilitar al régimen iraní.
En 2020, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani por parte de Estados Unidos exacerbó aún más la situación, y las represalias iraníes no se hicieron esperar, lo que llevó a un ciclo de ataque y contraataque. La dinámica actual entre ambos países se parece más a una partida de ajedrez, donde cada movimiento puede tener consecuencias devastadoras.
A partir de 2025, un nuevo conflicto surgió cuando Trump ordenó bombardear instalaciones nucleares iraníes, llevando a una rápida escalada del conflicto que no solo involucró a Irán y Estados Unidos, sino también a Israel, quien jugó un papel crucial en el contexto.
Hoy en día, la incertidumbre sigue dominando la relación entre EE.UU. e Irán, con protestas internas en Irán y continuas advertencias de ambos lados, dejando entrever que las tensiones están lejos de resolverse. La historia continúa escribiéndose en un contexto de guerra fría entre ambos países, donde cada decisión cuenta.


















