Los neumólogos advierten de que las partículas finas generadas por los incendios forestales pueden desplazarse a grandes distancias y afectar a poblaciones alejadas de las llamas. Los niños, las personas mayores, las embarazadas y los pacientes con asma, EPOC o enfermedades cardiovasculares presentan un mayor riesgo de complicaciones.
El humo de un incendio forestal puede perjudicar la salud incluso cuando el fuego se encuentra a varios kilómetros. No es necesario ver las llamas ni encontrarse cerca de la zona quemada para quedar expuesto a los contaminantes transportados por el viento.
Los especialistas de HM Hospitales han advertido de que las partículas finas presentes en el humo pueden permanecer suspendidas en el aire, recorrer grandes distancias y deteriorar la calidad del aire en municipios alejados del foco activo.
El Ministerio de Sanidad también recuerda que los incendios forestales representan un riesgo para la población no solo por su proximidad, sino especialmente por la exposición al humo y la degradación de la calidad del aire.
Por qué las partículas PM2,5 son tan peligrosas
El humo de los incendios contiene una mezcla compleja de gases, cenizas y partículas contaminantes. Entre ellas destacan las PM2,5, cuyo diámetro es igual o inferior a 2,5 micras.
Su reducido tamaño les permite penetrar profundamente en las vías respiratorias y alcanzar los alvéolos pulmonares. Algunas de estas partículas también pueden incorporarse al torrente sanguíneo y producir efectos en el sistema cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud considera el material particulado como la principal amenaza para la salud pública asociada al humo de los incendios.
La distancia respecto al fuego no garantiza que el aire sea seguro. La dirección y la intensidad del viento, la duración del incendio y las condiciones atmosféricas pueden transportar el humo hasta localidades situadas a decenas o incluso cientos de kilómetros.
Por este motivo, las autoridades recomiendan prestar atención a la calidad del aire y a la presencia de humo o cenizas, aunque el incendio no se encuentre en el entorno inmediato.
Estos son los síntomas que puede provocar el humo
En personas sanas, una exposición breve puede causar irritación en los ojos, la nariz, la boca y la garganta. También pueden aparecer tos, dolor de cabeza, mareos, opresión en el pecho o sensación de dificultad para respirar.
Cuando las partículas alcanzan los bronquios y los pulmones pueden desencadenar una respuesta inflamatoria. La intensidad de los efectos dependerá de la concentración de humo, el tiempo de exposición y el estado de salud previo de cada persona.
Los síntomas más frecuentes relacionados con la exposición al humo son:
- Irritación o escozor en los ojos.
- Congestión e irritación nasal.
- Dolor o sequedad de garganta.
- Tos persistente.
- Pitidos al respirar.
- Presión o dolor en el pecho.
- Sensación de falta de aire.
- Dolor de cabeza, cansancio o mareos.
Una exposición intensa puede producir problemas más graves y requerir atención médica urgente.
Asma y EPOC: los pacientes con mayor riesgo respiratorio
Las personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica pueden sufrir un empeoramiento rápido de sus síntomas al respirar aire contaminado por el humo.
Las partículas finas pueden inflamar los bronquios y favorecer la aparición de broncoespasmos. Esto puede manifestarse mediante tos, sibilancias, opresión torácica y dificultad para respirar.
Los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas deben mantener disponible su medicación habitual y seguir el plan indicado por su médico. No deben aumentar, reducir o suspender el tratamiento sin asesoramiento profesional.
La exposición al humo también puede agravar enfermedades cardiovasculares. La OMS advierte de que el material particulado puede provocar efectos tanto respiratorios como cardiovasculares, especialmente cuando la contaminación se mantiene durante varias horas o días.
Quiénes deben extremar las precauciones
Aunque el humo puede afectar a cualquier persona, existen grupos especialmente vulnerables:
- Niños, sobre todo los menores de cinco años.
- Personas mayores.
- Mujeres embarazadas.
- Pacientes con asma o EPOC.
- Personas con enfermedades cardiovasculares.
- Pacientes con otras patologías crónicas.
- Personas que trabajan o realizan actividades físicas al aire libre.
Los niños respiran más aire en relación con su peso corporal y sus pulmones todavía se encuentran en desarrollo. Las personas mayores y los enfermos crónicos, por su parte, pueden tener menos capacidad para responder a los efectos de la contaminación.
La OMS incluye a los niños, las embarazadas, las personas mayores y los pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares entre los colectivos con mayor riesgo.
Cómo protegerse del humo de los incendios
La medida más efectiva es reducir la exposición. Cuando el humo afecta a una localidad, los especialistas recomiendan permanecer en interiores siempre que resulte seguro.
Conviene cerrar puertas y ventanas y evitar la ventilación directa con aire procedente del exterior. Los sistemas de climatización deben utilizarse en modo de recirculación cuando dispongan de esa función.
También se recomienda evitar correr, montar en bicicleta o realizar cualquier ejercicio físico intenso al aire libre. Durante la actividad física aumenta la frecuencia respiratoria y, por tanto, la cantidad de partículas inhaladas.
El Ministerio de Sanidad aconseja limitar los desplazamientos innecesarios, permanecer en espacios interiores protegidos y seguir las indicaciones emitidas por las autoridades sanitarias y los servicios de emergencia.
¿Sirven las mascarillas contra el humo?
Cuando sea imprescindible salir, una mascarilla FFP2 o N95 bien ajustada puede reducir la inhalación de partículas finas.
La mascarilla debe cubrir completamente la nariz y la boca, sin dejar espacios importantes en los laterales. Una protección mal ajustada pierde gran parte de su capacidad de filtrado.
Las mascarillas quirúrgicas, los pañuelos y las prendas colocadas sobre la cara no ofrecen una protección suficiente frente a las partículas PM2,5. Tanto el Ministerio de Sanidad como la OMS recomiendan mascarillas FFP2 o N95 para las personas que tengan que permanecer en el exterior durante episodios de humo.
Las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares deben consultar con un profesional sanitario cuando tengan dificultades para utilizar este tipo de mascarillas.
Cuándo hay que solicitar atención médica
Se debe consultar con un profesional cuando aparezca dificultad respiratoria, tos intensa, pitidos en el pecho, opresión torácica o un empeoramiento de una enfermedad previa.
También requieren atención especial las personas que necesiten utilizar su medicación de rescate con más frecuencia de la habitual.
Debe llamarse al 112 ante síntomas graves como:
- Dificultad intensa para respirar.
- Dolor fuerte o persistente en el pecho.
- Confusión, desorientación o pérdida de conocimiento.
- Coloración azulada en labios o rostro.
- Empeoramiento rápido de un paciente con asma, EPOC o cardiopatía.
La OMS recomienda buscar asistencia ante problemas respiratorios importantes, dolor torácico, quemaduras o cualquier síntoma preocupante relacionado con la exposición al humo.
La calidad del aire puede seguir afectada después del incendio
El riesgo no termina necesariamente cuando desaparecen las llamas. Las cenizas y los materiales quemados pueden volver a levantar partículas durante las labores de limpieza o por efecto del viento.
Sanidad recomienda extremar las precauciones al retirar cenizas, utilizar protección adecuada y evitar que los niños o las personas vulnerables participen en estas tareas. También resulta necesario seguir las instrucciones oficiales sobre el consumo de agua y alimentos en las zonas afectadas.
La principal recomendación de los neumólogos es no subestimar el humo. Reducir la exposición, vigilar los síntomas y seguir la información oficial puede evitar complicaciones respiratorias y cardiovasculares.
Nota importante: Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Las recomendaciones pueden cambiar dependiendo de la calidad del aire y de la evolución de los incendios. Deben consultarse siempre los avisos oficiales del Ministerio de Sanidad, Protección Civil, los servicios autonómicos de emergencias y el teléfono 112.


















