Marruecos celebra este miércoles unas elecciones legislativas caracterizadas por una notable abstención, especialmente entre los jóvenes. Solo el 3% de los jóvenes de entre 18 y 24 años se ha registrado para votar, lo que refleja su desafección hacia un sistema político en el que no confían. En total, 15,8 millones de ciudadanos se han inscrito para votar, menos del 60% de los 28 millones con derecho a voto, y se espera que la participación real ronde el 25-30% debido a la alta abstención.
Irene Fernández Molina, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Exeter, explica que la falta de interés de los jóvenes se debe a que las instituciones representativas, como el parlamento y el gobierno, no son autónomas y están supeditadas a las directrices del monarca. Esto genera desconfianza y desinterés, especialmente entre la juventud, que no ve incentivos para participar en las elecciones.
El malestar juvenil se hizo evidente hace un año con protestas en varias ciudades marroquíes, organizadas por grupos como GenZ 212 y Morocco Youth Voice. Estas manifestaciones, que fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad, surgieron de demandas socioeconómicas como mejores políticas en sanidad y educación, y la reducción de las desigualdades territoriales.
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A pesar del crecimiento económico de Marruecos, con un aumento del PIB del 4,9% en 2025, el país enfrenta una gran desigualdad y un alto desempleo juvenil, que alcanza el 37,2% entre los jóvenes de 15 a 24 años. Mientras tanto, el salario mínimo se mantiene en torno a los 340 euros mensuales, y el gobierno invierte en infraestructuras como el tren de alta velocidad Al-Boraq y estadios para el Mundial 2030.
La investigadora del CEARC señala que, aunque las protestas están desactivadas, el descontento sigue latente y podría resurgir ante nuevos detonantes. Sin embargo, la monarquía sigue siendo una institución incuestionable en Marruecos, y las movilizaciones se dirigen principalmente contra la clase política.




