El rendimiento de la deuda soberana en la eurozona registra máximos históricos debido a la escalada del petróleo por las tensiones en Oriente Medio, lo que presiona al Banco Central Europeo para retomar la senda de las subidas monetarias.
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Los mercados de renta fija en la eurozona han encendido todas las alarmas tras registrar un repunte acelerado en el rendimiento de los bonos soberanos, alcanzando cotas no vistas en los últimos 18 años. Esta fuerte corrección responde al temor generalizado entre los inversores a que el encarecimiento del petróleo, derivado del recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán y la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, desencadene un nuevo episodio inflacionario de carácter persistente. Ante este panorama, los mercados financieros dan por hecho que los principales bancos centrales del mundo se verán forzados a abandonar su pausa monetaria y reactivar las subidas de los tipos de interés para contener la presión sobre los precios.
La tensión se traslada de forma directa a la deuda de las principales potencias europeas. El bono alemán a diez años, considerado el activo libre de riesgo por excelencia y referencia absoluta para medir la solvencia en el Viejo Continente, ha llegado a situarse en el 3,26 % en el mercado secundario, equiparándose a los registros marcados en mayo de 2011. Por su parte, la rentabilidad del bono de Francia ha rozado el 4,28 %, lo que supone su nivel más elevado desde noviembre de 2008, mientras que el título italiano ha vuelto a rebasar la barrera del 4,22 %. En el caso español, el interés exigido al bono a diez años ha escalado hasta el 3,79 %, situándose en cotas máximas desde finales de 2023 y elevando el coste de financiación del Tesoro Público.
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Este fenómeno no responde a una dinámica exclusivamente europea, sino a una ola de ajuste global que afecta con dureza a Estados Unidos. En el mercado estadounidense, la rentabilidad del bono del Tesoro a 30 años ha escalado hasta el 5,246 %, registrando máximos de casi dos décadas, mientras que el título a diez años se sitúa en torno al 4,79 %. Esta presión obligará al Departamento del Tesoro a intensificar las operaciones de recompra de deuda para aliviar los costes crediticios a largo plazo, en un momento crítico en el que la deuda federal estadounidense ha superado por primera vez la cifra histórica de los 40 billones de dólares. De forma paralela, grandes tenedores de deuda internacional como el Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega han propuesto reducir su exposición a la deuda pública del 70 % al 50 % para diversificar riesgos hacia activos más rentables.
En este complejo contexto macroeconómico, los organismos reguladores preparan intervenciones inmediatas. El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo celebrará el próximo miércoles su reunión de política monetaria, donde el consenso del mercado anticipa un incremento de un cuarto de punto en los tipos de interés, situando la facilidad de depósito en el 2,50 %. La medida irá acompañada por actuaciones similares de la Reserva Federal de Estados Unidos, que evalúa situar su horquilla entre el 3,75 % y el 4,00 %, y del Banco de Japón. Estas alzas buscan contener el impacto de los costes energéticos sobre los precios finales, aunque a costa de enfriar la actividad económica y encarecer el endeudamiento de las familias, las empresas y las administraciones públicas europeas.








