Nicolás Maduro, quien inició su carrera como conductor de autobuses en Caracas, se convirtió en uno de los personajes más polémicos de la política internacional tras su colaboración con el fallecido Hugo Chávez. Desde su encuentro en diciembre de 1993, en medio de la condena de Chávez por un intento de golpe de Estado, Maduro ha escalado posiciones dentro del movimiento chavista, hasta asumir la presidencia en 2013.
Durante más de una década al frente del Gobierno, la figura de Maduro ha estado marcada no solo por la continuación del proyecto político de Chávez, sino también por la controversia y las acusaciones de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Con el tiempo, no solo enfrentó la oposición interna, sino también la mirada crítica de la comunidad internacional, especialmente de Estados Unidos.
La relación entre Maduro y el gobierno estadounidense se ha deteriorado desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. Trump hizo pública su intención de “acabar con el régimen chavista”, y así lo demostró con la emisión de varios decretos y sanciones que colocaron a Maduro en el punto de mira de la justicia estadounidense.
La captura de Maduro y su esposa el pasado sábado en un despliegue militar en Venezuela marcó una escalada en el conflicto que mantiene con las autoridades estadounidenses. A través de la Fiscalía General, se revelaron los graves cargos en su contra, que incluyen «conspiración narcoterrorista» y «uso de armas destructivas contra EE.UU.». Este cambio en la política estadounidense refleja la creciente preocupación por la vinculación de su régimen con el narcotráfico.
Trump, al valorar la intervención militar como un “poderoso golpe” contra el régimen de Maduro, reafirmó su compromiso de llevar al presidente a la Justicia. A través de un control territorial y político, Maduro ha permanecido en el poder a pesar de las críticas y la presión internacional. Persistió en la narrativa de que la intervención estadounidense es solo un intento de apoderarse de los recursos naturales de Venezuela, especialmente su petróleo.
De hecho, Maduro ha calificado las acusaciones de narcotráfico como «ridículas» y ha denunciado que su Gobierno está siendo atacado bajo el argumento de una supuesta lucha contra el narcotráfico. Durante este tiempo, ha visto un deterioro en su popularidad, y en el plano interno, sus decisiones han sido criticadas por llevar al país a una crisis económica sin precedentes, con inflación desmedida y desabastecimiento. Sin embargo, Maduro se aferra al poder, confiando en su base chavista que sigue fiel a sus ideales.
A pesar de las derrotas políticas y la presión internacional, Maduro fue reelegido en 2018 en unas elecciones que fueron ampliamente criticadas por la oposición y observadores internacionales debido a las irregularidades. Su declaración de victoria fue considerada por muchos como un intento de perpetuar su estancia en la presidencia ante un electorado cada vez más descontento.
Maduro, que se autodenomina «hijo de Chávez», ha intentado mantener su legado vivo, incluso con una imagen de cercanía hacia el pueblo. A menudo, realiza largas comparecencias públicas interactivas donde hace comentarios humorísticos y anécdotas, pero ante el panorama de la política internacional, su futuro se ha tornado incierto tras su captura.


















