A menos de una semana de las elecciones autonómicas del 15 de marzo, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han protagonizado un duro pulso dialéctico que aleja, al menos en las formas, la posibilidad de un entendimiento fluido tras el domingo. Mientras el líder del PP ha afeado a Vox su falta de compromiso institucional tildándolos de «llorones» que huyen de la gestión, el dirigente de Vox ha acusado a los populares de ser una «estafa» que pacta con el Gobierno de Sánchez en Madrid.
El PP reivindica la gestión frente a la parálisis
Desde Tordesillas, Alberto Núñez Feijóo ha centrado su mensaje en la experiencia y la seriedad de Alfonso Fernández Mañueco, contraponiéndola a la actitud de un Vox que, a su juicio, prefiere el bloqueo al gobierno. El líder popular ha recordado la ruptura de los pactos autonómicos por el reparto de menores inmigrantes como prueba de la «espantada» de los de Abascal.
«Gobernar es mojarse y tomar decisiones, no dar lecciones a todo el mundo cuando tú no has hecho nunca nada», sentenció Feijóo, acusando a Vox de creer que la parálisis les renta votos.
Vox denuncia el derecho de pernada sobre sus votos
A pocos kilómetros, en Medina del Campo, Santiago Abascal ha respondido con dureza, rechazando la idea de que los votantes de su formación estén obligados a apoyar al PP de manera gratuita. Abascal ha denunciado lo que considera la «izquierda pepera» y ha criticado los acuerdos del PP con el PSOE en órganos institucionales como RTVE o el Poder Judicial.
- La advertencia: Abascal ha sido tajante al afirmar que el PP no tiene «derecho de pernada» sobre el voto de Vox.
- La exigencia: Ha condicionado cualquier apoyo a un «cambio de rumbo» de 180 grados, exigiendo rectificaciones en comunidades donde ya gobiernan los populares como Extremadura y Aragón.
- Ataque frontal: El líder de Vox ha calificado la estrategia de Feijóo de «estafa» por presentarse como oposición a Sánchez para luego «hacerle el caldo gordo» con pactos de Estado.
Un escenario de pinza obligada
Pese a la virulencia de los ataques, ambos líderes son conscientes de que las encuestas los condenan a entenderse. El PP resiste y mejora resultados, pero el crecimiento de Vox impide a Mañueco gobernar en solitario. Esta última semana de campaña se presenta como una batalla por el «voto útil» en la derecha, con un Feijóo que apela a la certidumbre y un Abascal decidido a exprimir su fuerza hasta la última papeleta para forzar su entrada en el ejecutivo regional.




















