El quinto informe de la asociación ‘+Democracia’ penaliza con dureza a las principales formaciones estatales, situando a los socialistas en un 3,6 frente al 5,4 del año anterior. El PP se estanca en el 2,9 y Vox se hunde hasta la cola con un 1,7.
MADRID.– El impacto de los últimos escándalos políticos y los casos de corrupción bajo investigación judicial ya pasa factura en las métricas de higiene institucional. El quinto ranking sobre la calidad democrática de los partidos políticos en España, elaborado por la asociación +Democracia, ha arrojado un veredicto demoledor para las formaciones con mayor representación en el Congreso. La principal conclusión es el severo desplome del PSOE, que pierde su aprobado institucional y cae de forma estrepitosa en el índice.
El estudio, presidido por la politóloga y socióloga Cristina Monge, evalúa de manera minuciosa el funcionamiento interno de 17 organizaciones políticas de ámbito nacional y autonómico. Pese a las reiteradas advertencias de ediciones anteriores, el informe denuncia que «persisten importantes déficits en aspectos esenciales del funcionamiento democrático interno de las organizaciones».
El desplome de los grandes partidos estatales
La evolución del PSOE marca el principal hito del informe de 2026. Los socialistas, que en la anterior edición lograban salvar el aprobado con una nota de 5,4, sufren un retroceso de casi dos puntos hasta situarse en un 3,6. La erosión está directamente vinculada a la debilidad de los canales internos para abordar las malas prácticas y la falta de blindaje de los sistemas de prevención ante las sospechas de corrupción que han cercado a la organización en los últimos meses.
El panorama no es mejor para el resto de grandes fuerzas del espectro central estatal:
- Partido Popular (PP): Se estanca en una nota de 2,9. Los populares siguen suspendiendo de manera crónica en áreas clave de fiscalización y rendición de cuentas, sin lograr revertir la tendencia negativa que arrastran en este baremo.
- Vox: Vuelve a situarse como la formación con peor calidad democrática del espectro político analizado, registrando una puntuación de 1,7. Según destaca el documento, el partido de Santiago Abascal no consigue aprobar en ninguna de las seis categorías analizadas.
A nivel global, la nota media de las 17 fuerzas políticas se sitúa en un aprobado justo de 5,7. Mientras diez formaciones de perfil regional o de izquierda alternativa se colocan por encima de esa media, las seis que cierran la tabla —entre las que se encuentran Coalición Canaria, el BNG, Más Madrid y los tres grandes partidos nacionales (PSOE, PP y Vox)— lastran el resultado general.
El podio de la calidad interna
En contraste con las estructuras estatales, los partidos de corte regional y de carácter asambleario obtienen las valoraciones más altas gracias a la flexibilidad y desarrollo de sus normas de participación:
- Compromís: Encabeza la lista con un 8,3.
- Comunes: Se sitúan en segundo lugar rozando la cabeza con un 8,2.
- Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): Cierra el podio de honor con un 7,7.
¿Qué evalúa este ranking?
Para calibrar las notas, el equipo investigador de +Democracia segmenta su examen en seis bloques estrictos, analizando tanto los estatutos sobre el papel como su aplicación práctica diaria:
- Organización interna: Modos de elección de la dirección y nivel de libertad de opinión interna.
- Derechos y protección de los afiliados: Garantías reales para la militancia.
- Autonomía territorial: Capacidad de decisión de las sedes regionales frente al control centralizado de Madrid.
- Transparencia: Acceso y claridad en las cuentas y contratos.
- Códigos éticos y responsabilidades de cargos públicos: Sistemas de alerta frente a la corrupción, canales de denuncia anónima y blindaje del denunciante ante represalias o acoso laboral/sexual.
- Sistemas de elección de candidatos: Democracia interna en la confección de listas electorales.
El documento concluye con una advertencia seria de cara al futuro institucional: la alarmante frecuencia con la que los propios partidos políticos «incumplen sus propias normas», una brecha entre la teoría estatutaria y la práctica ejecutiva que termina, según los expertos, por minar de forma drástica la confianza ciudadana y deteriorar los pilares democráticos desde su base organizativa.















