El astro portugués mantiene su postura de plantón en Al Nassr mientras se intensifica la tensión con los máximos dirigentes de la liga saudí. La situación se enmarca en un mercado de invierno marcado por inversiones desiguales entre los clubes controlados por el PIF.
Cristiano Ronaldo decidió no entrenar ni jugar con Al Nassr como medida de presión hacia la Roshn Saudí League, ante la disparidad de fichajes que beneficia a Al Hilal. El club rival ha incorporado recientemente a Karim Benzema y a dos jóvenes promesas francesas, Kader Meïté y Saïmon Bouabré, movimientos que han generado malestar en CR7.
El portugués no cuestiona a Benzema ni al equipo azul, sino la gestión de la liga y la administración de Al Nassr, que según él no cumple las promesas hechas al renovar su contrato hasta 2027. Su entrenador, Jorge Jesús, ha respaldado la protesta al negarse a hablar con la prensa tras el último triunfo frente a Al Riyadh.
Los números muestran una gran diferencia de inversión: Al Hilal ha gastado 647 millones de euros desde 2023 en fichajes, mientras que Al Nassr alcanza los 410 millones, una brecha que, según Cristiano, desestabiliza la competición.
Mientras tanto, Benzema ya se ha adaptado a Al Hilal y enfoca su atención en la liga y la Champions asiática, dejando atrás su etapa en Al Ittihad. La incógnita ahora gira en torno a si Ronaldo volverá a los terrenos de juego este viernes en el enfrentamiento de Al Nassr contra Al Ittihad, un partido clave para la competición.
El conflicto de Cristiano Ronaldo evidencia que la ambición de los clubes saudíes y la gestión de sus fichajes podrían provocar cambios históricos en la liga si no se equilibra la inversión entre los equipos.

















