En un momento de creciente tensión naval en el norte de Europa, un analista especializado subraya que Rusia ha tratado históricamente al mar Báltico como un área bajo su dominio estratégico, pero la Óperaión A26 —un submarino de quinta generación sueco recientemente adquirido por países de la OTAN— está ofreciendo una respuesta eficaz al poderío submarino ruso en la zona.
Un artículo publicado en The Objective describe cómo Rusia considera al Báltico como su propia “piscina”, dado que le brinda acceso táctico a media Europa sin demasiadas restricciones. Sin embargo, con el ingreso de Suecia a la OTAN, ese dominio se enfrenta ahora a nuevos retos, ya que el submarino A26 sueco, diseñado para operar en aguas poco profundas y complejas, aporta capacidades que antes faltaban en la alianza occidental en esa región.
El A26 es descrito como un submarino de quinta generación con características avanzadas de sigilo y adaptabilidad al entorno específico del Báltico, una zona cuya orografía submarina —con múltiples islas, profundidades variables y estrechos canales— representa desafíos tácticos únicos. Estas características son consideradas vitales para garantizar el control y la vigilancia del tráfico naval en el norte del continente y para contrarrestar movimientos estratégicos de la flota rusa.
Los movimientos navales rusos en la región vienen siendo seguidos de cerca por los países limítrofes: la Armada sueca ha señalado que sus fuerzas encuentran submarinos rusos con una frecuencia casi semanal, lo que indica un incremento sustancial de la presencia submarina moscovita en el Báltico.
El equilibrio estratégico en esta área del norte europeo no solo está influenciado por la presencia rutinaria de submarinos, sino también por otros incidentes de seguridad marítima, como el reciente caso de un buque sospechoso de haber dañado cables submarinos de telecomunicaciones en el mismo mar Báltico, un hecho que ha elevado la vigilancia de las fuerzas aliadas y de los países ribereños.
La introducción de submarinos como el A26 en la región forma parte de un esfuerzo más amplio de la OTAN para reforzar sus capacidades antisubmarinas y equilibrio de fuerzas en el frente norte, mientras que Rusia continúa modernizando y desplegando activos submarinos tradicionales y nucleares en distintos flancos de su flota naval.
Claves de la fricción submarina en el Báltico
- Rusia mantiene una presencia submarina constante y creciente en el mar Báltico.
- Suecia, tras unirse a la OTAN, incorpora el submarino A26 para contrarrestar esa presencia.
- El A26 ofrece capacidades específicas para operaciones en aguas poco profundas.
- Incidentes recientes, como daños sospechosos a cables submarinos, elevan la tensión regional.
- La OTAN intensifica su respuesta ante amenazas híbridas y trastornos en seguridad marítima.
El Báltico se ha convertido en un pulso estratégico entre Rusia y la OTAN. La entrada en escena de submarinos de última generación como el sueco A26, junto con la creciente atención de los estados ribereños ante maniobras subsuperficiales rusas, muestra que este mar es hoy uno de los frentes más delicados de la seguridad europea. La competencia bajo las olas se suma a la geopolítica superficial para configurar un nuevo equilibrio de fuerzas en el norte de Europa.


















