El último informe de la ONG No Name Kitchen vincula el alarmante consumo de estupefacientes y las autolesiones con el colapso del sistema de acogida y la desatención psicológica.
CEUTA.– La realidad de los menores extranjeros no acompañados en Ceuta es crítica. El último informe publicado por la organización social No Name Kitchen (NNK), bajo el título ‘Sobrevivir al limbo’, revela una alarmante radiografía: uno de cada tres jóvenes (el 32,12%) atendidos por la entidad presenta signos de consumo activo de estupefacientes.
Esta cifra triplica la media nacional de adicciones en adolescentes. Según denuncia la ONG, el abuso de sustancias como el cannabis, benzodiacepinas, pregabalina, MDMA o cocaína, sumado a conductas autolesivas (cortes y quemaduras), se ha convertido en una vía de escape para que estos menores logren «sobrevivir» a la incertidumbre administrativa y a la precariedad de la calle.
Una tasa de consumo que triplica la media nacional
El estudio cualitativo, basado en la observación de campo y el acompañamiento directo en la frontera ceutí, contrasta los datos obtenidos con el informe nacional ESTUDES. Mientras que a nivel general el 11,6% de los adolescentes españoles consume cannabis, en el colectivo de menores migrantes de Ceuta el porcentaje bajo el efecto de sustancias roza el 33%.
«No es solo la sobreocupación, se necesita que el seguimiento sea el adecuado. Tiene que haber psicólogos y personal formado; si hay consumo o autolesiones, debe haber una intervención y no abandonarlos», explica Francesca Fusaro, coordinadora de NNK en Ceuta.
Centros desbordados: 196 menores para 27 plazas
La investigación señala directamente a las carencias del sistema de protección de la ciudad autónoma. El colapso es estructural: la Ciudad acoge actualmente a 196 jóvenes, a pesar de que la infraestructura oficial solo cuenta con 27 plazas ordinarias.
Como consecuencia de esta masificación, instalaciones diseñadas para estancias cortas de recepción se convierten en hogares permanentes sin los recursos necesarios. NNK denuncia que esta situación propicia:
- Abandono en la calle: Muchos menores prefieren pernoctar a la intemperie, donde el consumo se dispara para soportar el frío, el miedo y evitar robos o agresiones.
- Graves deficiencias sanitarias: Esperas de hasta nueve meses para recibir atención psiquiátrica y una preocupante ausencia de psicólogos en el sistema.
- Denuncias de maltrato: El informe recoge testimonios bajo anonimato que detallan bofetadas, castigos físicos y medicación administrada sin prescripción por parte de algunos trabajadores o vigilantes.
La alternativa: Espacios seguros y apoyo comunitario
El informe de No Name Kitchen también aporta una lectura esperanzadora: cuando los menores acceden a entornos de ocio y deporte (como playas o canchas de baloncesto) acompañados de adultos referentes no punitivos, los episodios de consumo intenso y autolesiones disminuyen notablemente.
Frente a la inacción institucional, la ONG ha lanzado una campaña de crowdfunding destinada a abrir un centro comunitario permanente en Ceuta. Este espacio busca ofrecer una rutina, talleres y un entorno seguro libre de violencia y drogas, abordando el problema desde la prevención y la dignidad. «Al final estamos hablando de niños, estamos hablando del futuro. Si no se cuidan ahora, ¿qué va a pasar luego con ellos?», concluye Fusaro.

















