Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha elevado la presión sobre Teherán a niveles críticos durante la primera reunión de la Junta de Paz en Washington. En un discurso marcado por la ambigüedad estratégica, el mandatario estadounidense ha advertido de que Irán debe aceptar un «acuerdo significativo» de forma inminente o enfrentarse a consecuencias imprevisibles. «Probablemente lo descubrirán en los próximos diez días», ha sentenciado Trump, marcando un plazo temporal que coincide con el mayor despliegue de músculo militar estadounidense en Oriente Medio de la última década.
El mensaje de Trump llega en un momento de máxima tensión, con el Pentágono manteniendo en alerta a sus fuerzas para una posible intervención que, según fuentes de seguridad, podría estar lista para ejecutarse este mismo fin de semana. «Si se unen a nosotros, será genial; si no, también será genial, pero será un camino muy diferente», ha afirmado el presidente, dejando entrever que la opción militar es una carta real sobre la mesa mientras el portaaviones U.S.S. Gerald R. Ford se aproxima a la región para reforzar la posición de Estados Unidos.
A pesar de la retórica belicista, Trump ha querido dar una última oportunidad a la vía diplomática, alabando las gestiones de su enviado especial, Steve Witkoff, y de su yerno, Jared Kushner. Según el mandatario, ambos mantienen «buenas conversaciones» y una relación fluida con los representantes iraníes en encuentros indirectos que buscan evitar el estallido de un conflicto abierto. El objetivo de Washington es forzar a Irán a realizar concesiones definitivas sobre su programa nuclear y su papel en la estabilidad regional bajo la amenaza directa de una ofensiva quirúrgica de varios días.
Sin embargo, el frente interno en Washington empieza a movilizarse ante la posibilidad de una guerra inminente. Varios representantes demócratas ya han anunciado que exigirán que cualquier intervención militar en suelo iraní sea sometida a la autorización previa del Congreso, cuestionando la potestad del Ejecutivo para iniciar un ataque sin el aval legislativo. Con el reloj en marcha y la flota estadounidense posicionada, los próximos diez días se perfilan como el periodo más determinante para la geopolítica mundial en lo que va de 2026, con el mundo pendiente de si la «diplomacia de portaaviones» de Trump termina en un acuerdo histórico o en una nueva deflagración en el Golfo.


















