El accidente entre dos trenes de alta velocidad en Adamuz ha dejado al menos 39 muertos y más de un centenar de heridos, pero detrás de las cifras hay historias humanas difíciles de medir. Familias y supervivientes enfrentan ahora un dolor intenso, mientras los equipos de intervención psicológica trabajan contrarreloj para atenderlos.
Desde la misma noche del siniestro, miembros del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) se desplazaron a la zona para brindar asistencia inmediata. “La intervención temprana, en las primeras 24 horas, es crucial para afrontar el duelo y prevenir trastornos como el estrés postraumático”, explica Mónica Pereira, psicóloga especializada en emergencias. “Ayudamos a que las personas comprendan que sus reacciones son normales y les damos herramientas para manejarlas”.
Las respuestas emocionales iniciales ante una catástrofe pueden variar: desde el shock y la negación hasta la ira o la culpa. “Nadie está preparado para un suceso así”, señala Pereira. Antonio Puerta Torres, del Gabinete de Psicología de la Policía Municipal de Madrid, añade: “El esquema de cómo reaccionan víctimas y familiares ya está más que aprendido por experiencias anteriores, como los atentados del 11-M”.
La psicología de emergencias en España tiene su origen tras la tragedia del camping de Biescas en 1996, que dejó 87 muertos y más de 200 heridos. Desde entonces, los dispositivos de Protección Civil integran a psicólogos en sus planes de actuación ante catástrofes, a través de grupos como GIPED.
Expertos señalan que la resiliencia —la capacidad de recuperarse tras experiencias traumáticas— depende de factores genéticos, personales y del entorno. Estudios como los de George Bonanno muestran que dos tercios de los afectados por eventos traumáticos logran adaptarse y recuperarse en poco tiempo. Una estrategia fundamental es simplemente permanecer junto a los dolientes, un patrón presente en casi todas las culturas que refuerza la sensación de comunidad y apoyo en los primeros momentos del duelo.
Aunque las primeras horas son decisivas, las secuelas del accidente de Adamuz pueden prolongarse durante años, tanto para familiares de las víctimas como para los supervivientes y otros usuarios del transporte ferroviario. La labor de los psicólogos en emergencias busca que ese camino de recuperación sea lo más acompañado y seguro posible.


















