El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha roto su silencio tras la drástica decisión de expulsar cautelarmente a Javier Ortega Smith, uno de los pilares fundacionales de la formación. Durante un acto electoral en Peñafiel (Valladolid), Abascal ha evitado profundizar en los detalles personales de la ruptura, pero ha lanzado un mensaje de disciplina interna sin concesiones. «La asamblea elige a una dirección, es la dirección la que toma las decisiones y es la que manda; eso va a seguir siendo así», ha sentenciado el líder de Vox, restando importancia a la trayectoria histórica del expulsado frente a la jerarquía actual del partido.
La crisis estalló tras la negativa de Ortega Smith a abandonar la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid, un pulso que Abascal ha despachado asegurando que no teme «a nada ni a nadie», en clara alusión a la posibilidad de que el ex secretario general decida conservar sus actas de diputado y concejal fuera del grupo parlamentario. Para el líder de la formación, detenerse en este conflicto supone «mirarse el ombligo» mientras los españoles enfrentan problemas reales como la inflación, la inmigración o la corrupción, intentando así minimizar el impacto mediático de la mayor purga interna en la historia del partido.
Abascal también ha aprovechado su comparecencia para responder a las recientes informaciones sobre la gestión económica de Vox, que apuntan a que los presupuestos internos se aprobaban mediante un grupo de WhatsApp. Lejos de desmentirlo, el presidente del partido ha sacado pecho por tener las cuentas listas «en tiempo y forma», comparando su eficiencia con la del Gobierno central o algunas comunidades autónomas. «Si Vox ha hecho algo mal, que lo lleven a los tribunales; van a perder», ha zanjado con rotundidad, calificando de «sorprendente» que este método de gestión sea noticia en el contexto político actual.
Con estas declaraciones, Abascal busca cerrar filas y proyectar una imagen de control absoluto sobre la organización, justo en el arranque de la campaña en Castilla y León junto a Carlos Pollán. La salida de Ortega Smith, que durante años fue su mano derecha y el rostro de las batallas judiciales del partido, queda así enmarcada no como una pérdida de identidad, sino como un ejercicio de autoridad necesario para mantener la cohesión de una directiva que ya no tolera disidencias ni cuestionamientos a su estrategia nacional.



















