El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha marcado una hoja de ruta de máxima firmeza durante el cierre de un Congreso clave del partido gobernante. Según ha informado este jueves la agencia estatal KCNA, el mandatario ha condicionado cualquier mejora en las relaciones con Estados Unidos a un reconocimiento explícito de su estatus nuclear y al fin de lo que denomina la «política hostil» de Washington.
El evento, que define las políticas del régimen para los próximos cinco años, concluyó con un desfile militar en la plaza Kim Il-sung de Pionyang, donde Kim advirtió de «terribles ataques de represalia» ante cualquier provocación externa contra su soberanía.
Condiciones para Washington: Estatus nuclear innegociable
Kim Jong-un ha enviado un mensaje directo a la administración de Donald Trump, quien ha manifestado su deseo de reunirse con el líder norcoreano lo antes posible. No obstante, las condiciones de Pionyang son ahora más rígidas que en cumbres anteriores:
- Reconocimiento constitucional: Kim exige que EE. UU. respete el estatus de Corea del Norte como «Estado poseedor de armas nucleares», tal como se incluyó en su Constitución en 2023.
- Sin desnuclearización: El régimen insiste en que el desarme atómico no será un tema de discusión en futuras mesas de negociación.
- Retirada de «política hostil»: Pionyang demanda el fin de las sanciones y de las maniobras militares conjuntas en la península como requisito previo para la convivencia.
Ruptura definitiva con el Sur: «Entidad hostil»
En lo que respecta a las relaciones intercoreanas, Kim Jong-un ha cerrado la puerta a cualquier tipo de acercamiento con el Gobierno de Lee Jae-myung. El líder norcoreano calificó de «engañosos» los gestos conciliadores de Seúl y reafirmó la doctrina de los «dos Estados hostiles», asegurando que no tiene intención alguna de tratar con el país vecino.
Por su parte, el Ministerio de Unificación de Corea del Sur ha lamentado profundamente esta postura, aunque ha reiterado que mantendrá sus principios de respeto al sistema norcoreano y de búsqueda de una coexistencia pacífica sin recurrir a la absorción.
Un desfile militar con tintes internacionales
El desfile militar de clausura mostró la fortaleza de las tropas norcoreanas, con una novedad significativa: la participación de unidades aéreas y columnas de tropas «desplegadas en el extranjero», en clara alusión a los soldados enviados a la región rusa de Kursk para apoyar a Moscú en el conflicto con Ucrania.
Resultó llamativo que, en esta ocasión, Pionyang no exhibiera sus sistemas estratégicos más recientes, como el misil balístico intercontinental (ICBM) Hwasong-20, lo que algunos analistas interpretan como una medida de cautela o una reserva de músculo militar para futuras fases de la negociación con la Casa Blanca.
Punto clave: La mención oficial a las tropas enviadas a Ucrania confirma la creciente integración militar entre Pionyang y Moscú, un factor que añade complejidad a cualquier intento de negociación por parte de la administración Trump.




















