La crisis diplomática entre Estados Unidos y España ha alcanzado un nuevo máximo histórico. El influyente senador republicano Lindsey Graham ha solicitado formalmente este lunes que las bases aéreas y los activos militares de su país sean trasladados fuera de territorio español. La petición surge como represalia directa a la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez de apoyar la ofensiva militar para derrocar al régimen de Irán.
Un ultimátum a las bases de Rota y Morón
En una entrevista exclusiva para la cadena Fox News, Graham fue tajante al afirmar que todos los aviones estadounidenses y de sus aliados «deben salir de España». El senador por Carolina del Sur considera inaceptable que España, siendo un socio estratégico, se oponga a participar en la batalla contra Teherán.
Esta propuesta pone en jaque la arquitectura de defensa de la OTAN en el Mediterráneo, donde las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) son piezas fundamentales para la logística y el despliegue rápido de tropas hacia África y Oriente Medio. Graham ha instado al resto de aliados de la Alianza a seguir el ejemplo de EE. UU. y retirar también sus efectivos del país.
Trump sube el tono: amenazas de embargo comercial
Las palabras de Graham refuerzan la línea dura marcada la semana pasada por el presidente Donald Trump, quien ya amenazó con imponer un embargo comercial total a España. El detonante fue la decisión de Moncloa de prohibir el uso de las bases españolas para las operaciones militares en suelo iraní.
«España no tiene nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda, pero les falta un gran liderazgo», sentenció Trump, personalizando el conflicto en la figura de Pedro Sánchez.
La respuesta de Moncloa: el «error» de la guerra
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su posición de rechazo frontal a la campaña bélica, calificándola como un «error» de consecuencias imprevisibles. España se ha convertido en una de las voces más críticas dentro de la UE y la OTAN respecto a la intervención liderada por Washington, lo que ha provocado este aislamiento dentro del bloque conservador estadounidense.
La situación deja a las relaciones transatlánticas en un punto de no retorno, con la posibilidad real de que instalaciones estratégicas que han funcionado durante décadas sean desmanteladas por motivos estrictamente políticos y de alineamiento bélico.



















