El concursante, que llegó al reality con aires de ganador, ha puesto fin a su aventura tras un colapso mental provocado por la dureza de las condiciones y el hambre.
La aventura de Álex Ghita en Supervivientes 2026 ha llegado a su fin de manera abrupta. Tras ser el primer expulsado por la audiencia el pasado jueves, el ahora exconcursante ha declinado la oportunidad de continuar su paso por el programa en Playa Destino, formalizando su abandono definitivo este fin de semana.
Del optimismo a la desesperación
Ghita, quien en su vídeo de presentación se postuló como el futuro ganador y el mejor competidor de la edición, ha vivido un descenso a los infiernos desde su llegada a la isla. Su expulsión, marcada por los polémicos robos de comida a sus compañeros, fue solo el preludio de una crisis mayor.
Al conocer que su eliminación no suponía un billete de vuelta a España, sino un traslado a una localización más dura para convivir con otros participantes, Ghita estalló contra la organización en directo: «¿Qué broma es esta? Estoy muy desgastado… no me puedo quedar más aquí». Pese a los intentos de Jorge Javier Vázquez por hacerle entender la mecánica del concurso, la tensión desembocó en un ataque de pánico que obligó a activar el protocolo de abandono y a una evacuación médica inmediata.
La confesión: una falta de preparación mental
Tras pasar el fin de semana aislado en la Cabaña Presidencial, y tras recibir mensajes de aliento e intentos de mediación por parte de Sandra Barneda y su círculo cercano, Ghita confirmó este domingo su decisión final.
El joven, lejos de buscar excusas externas, realizó una autocrítica sobre su paso por el programa: «Abandono porque no llegué preparado a nivel mental con la comida y tenía que haber trabajado meses antes este tema», confesó, admitiendo que la realidad del reality superó con creces cualquier expectativa previa.
Un final marcado por la decepción
La salida de Álex Ghita cierra un capítulo amargo para un concursante que prometía ser una de las figuras dominantes en las pruebas físicas. Su incapacidad para gestionar la ansiedad derivada del hambre y la dureza del entorno ha chocado frontalmente con sus declaraciones iniciales.
Mientras el resto de los supervivientes continúan adaptándose a las condiciones de la isla, la marcha de Ghita se suma a la lista de «sueños rotos» de una edición que, a juzgar por la extrema exigencia mental y física, se está consolidando como una de las más implacables de los últimos años.














