Este lunes 6 de abril, durante el tiempo pascual que nos invita a contemplar la gloria de la Resurrección, la Iglesia católica conmemora a San Celestino I, un papa del siglo V cuyo pontificado marcó un momento decisivo en la defensa de la ortodoxia católica. Su figura se alza como la de un pastor firme que supo guardar el depósito de la fe en tiempos de grandes controversias doctrinales.
La fecha nos sitúa en un momento del año litúrgico especialmente significativo, cuando la Iglesia celebra la victoria de Cristo sobre la muerte y nos prepara para profundizar en los misterios centrales de nuestra fe, algo que precisamente caracterizó el ministerio de este santo pontífice.
San Celestino I, defensor de la fe católica
Celestino I ocupó la Sede de Pedro entre los años 422 y 432, un período de apenas una década pero de extraordinaria importancia para la Iglesia universal. Su pontificado coincidió con dos de las herejías más peligrosas de la época: el nestorianismo y el pelagianismo, ambas amenazas directas contra la doctrina católica que él combatió con determinación y sabiduría pastoral.
El momento más decisivo de su pontificado llegó con la controversia nestoriana. Nestorio, patriarca de Constantinopla, negaba que María fuera verdaderamente Madre de Dios (Theotokos), afirmando que había dado a luz solo al hombre Jesús, no a Dios. Esta enseñanza ponía en peligro la comprensión católica de la unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Cristo. San Celestino no dudó en actuar con firmeza: excomulgó a Nestorio y convocó el Concilio de Éfeso en el año 431.
El Concilio de Éfeso, bajo la autoridad papal de Celestino, proclamó solemnemente que María es verdaderamente Madre de Dios, estableciendo para siempre esta verdad fundamental de la fe católica. Su legado pastoral se extiende también a la lucha contra el pelagianismo, doctrina que negaba la necesidad de la gracia divina para la salvación. Su firmeza doctrinal y su celo por la unidad de la Iglesia lo convierten en un modelo de pastor según el corazón de Cristo.
Otros santos y beatos del día
La liturgia de hoy nos presenta también otras figuras venerables que enriquecen la memoria eclesial de este 6 de abril:
- San Marcelino de Die: Obispo francés del siglo V, contemporáneo de San Celestino I, conocido por su vida austera y su dedicación pastoral en una época de grandes transformaciones sociales y religiosas en las Galias.
- San Eutiquio de Constantinopla: Patriarca de la capital del Imperio Bizantino en el siglo VI, destacado por su defensa de la ortodoxia católica y su papel en las controversias cristológicas de su tiempo.
- San Platón de Tournai: Obispo belga del siglo VII, recordado por su celo evangelizador y su contribución a la organización eclesiástica en los territorios de la actual Bélgica.
La firmeza en la fe como testimonio pascual
La figura de San Celestino I nos invita a reflexionar sobre la importancia de mantener íntegro el depósito de la fe que hemos recibido. En un tiempo como el nuestro, marcado por relativismos y confusiones doctrinales, su ejemplo de firmeza pastoral resulta especialmente necesario. Su defensa de la maternidad divina de María no fue solo una cuestión teológica abstracta, sino la salvaguarda de una verdad esencial: que en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se ha realizado plenamente nuestra redención. Esta convicción, defendida con valentía por el santo Papa, sigue siendo hoy el fundamento de nuestra esperanza pascual.













