El régimen de Pionyang ha reconocido oficialmente la realización de una serie de pruebas armamentísticas entre el 6 y el 8 de abril. Entre los ensayos destaca el uso de un misil balístico equipado con una ojiva de racimo, una confirmación que llega apenas un día después de que los servicios de inteligencia de Corea del Sur y Japón detectaran los lanzamientos.
Potencia destructiva y nuevas tecnologías
Según la agencia estatal norcoreana KCNA, las operaciones estuvieron supervisadas por el general Kim Jong Sik. El foco principal de las pruebas fue el misil Hwasongpho-11 Ka, diseñado específicamente para transportar municiones de racimo.
«Este armamento puede reducir a cenizas cualquier objetivo que cubra un área de 6,5 a 7 hectáreas con la máxima potencia», detalló el medio oficial del hermético régimen.
Además de este misil, Pionyang informó haber testado con éxito otras tecnologías avanzadas:
- Un sistema de armamento electromagnético.
- Bombas de fibra de carbono.
- Un sistema móvil de misiles antiaéreos de corto alcance.
El fin del espejismo diplomático
Estos lanzamientos suponen un jarro de agua fría para las expectativas de distensión en la península. Recientemente, Seúl había interpretado como una señal positiva unas palabras de Kim Yo-jong, hermana del líder norcoreano, quien elogió la actitud «honesta» del presidente surcoreano, Lee Jae-myung, respecto a las crisis de drones civiles ocurridas meses atrás.
Sin embargo, el viceministro de Asuntos Exteriores norcoreano, Jang Kum-chol, ha desmentido cualquier tono conciliador, aclarando que el mensaje de la cúpula era una «advertencia» y no una mano tendida.
Tensión en el Mar de Japón
La escalada militar se produce tras un periodo de relativa calma desde el pasado 14 de marzo, cuando se registró el último lanzamiento coincidiendo con maniobras militares entre Seúl y Washington. Con estas nuevas pruebas, Corea del Norte reafirma su intención de seguir fortaleciendo su arsenal estratégico frente a lo que considera provocaciones externas, alejando de nuevo la posibilidad de un diálogo estable entre ambos vecinos.




















