El exministro de Transportes agota su turno de última palabra cargando contra Víctor de Aldama, a quien acusa de seguir una declaración «guionizada» para dañar al Gobierno aprovechando la polarización política.
Un inicio marcado por la resignación
En una intervención cargada de emotividad y reproches, José Luis Ábalos se ha dirigido este miércoles al tribunal para cerrar el juicio por la presunta corrupción en los contratos de mascarillas. El exdirigente socialista comenzó su alocución con una frase lapidaria: “Tengo que aprovechar, me juego la poca vida que me queda, que tampoco es demasiada”, reflejando la presión personal y judicial que afronta ante una petición de hasta 30 años de cárcel.
Ataque frontal a la «colaboración» de Aldama
El eje central de la defensa de Ábalos ha sido desacreditar al comisionista Víctor de Aldama. Según el exministro, Aldama no ha colaborado de forma sincera, sino que ha utilizado su estancia en prisión preventiva para «politizar» la causa y buscar beneficios procesales.
- Declaración «guionizada»: Ábalos sostiene que el relato de Aldama carece de pruebas y que aprovechó la «polarización excesiva» para señalar a cargos gubernamentales.
- Contradicciones: El exministro subrayó que la supuesta red criminal habría captado a Aldama en 2015, años antes de que el propio Ábalos llegara al Ministerio, calificando esa tesis de «fábula».
Ironía sobre las mordidas: «¡Qué barato soy!»
Ábalos ha negado con rotundidad el cobro de comisiones de 10.000 euros mensuales a repartir con su exasesor Koldo García. Utilizando la ironía, el exministro calificó de «insensato» que alguien con su cargo y retribución arriesgara su carrera por tales cantidades o por unas vacaciones en Marbella.
«¡Qué barato que soy! No es sensato que, con las oportunidades brutales que habría en un Ministerio como Transportes, se acceda a recibir esa cantidad», afirmó ante el tribunal.
Un procedimiento «predeterminado»
El exministro se mostró profundamente crítico con el desarrollo de la instrucción, denunciando que se siente víctima de un «juicio paralelo» financiado y guiado por filtraciones interesadas. A su juicio, esto ha viciado la causa hasta el punto de que «es imposible defenderse», quedando solo la posibilidad de defender su honor personal.
El reproche a la Fiscalía
Para finalizar, Ábalos cuestionó la tesis fiscal de que se hubiera «colonizado» la administración pública para fines ilícitos. Lamentó que el fiscal pareciera ignorar sus respuestas y defendió su gestión ministerial frente a las acusaciones sobre contratos temporales y el supuesto enchufe de personas cercanas:
- Cuestión de honor: Ábalos lamenta que el foco se haya puesto en aspectos de su vida privada y personal más que en evidencias delictivas sólidas.
- Ausencia de pruebas: Reiteró que «no hay ninguna evidencia» de los pagos que se le atribuyen.















