La imagen procesional del santo esconde dos de las mayores curiosidades de la festividad navarra, marcada por la controversia religiosa del siglo XVII y el envejecimiento de los materiales de la talla
Cada 7 de julio, la tradición se repite en Pamplona. En torno a las 10:30 de la mañana, la imagen relicario de San Fermín abandona la iglesia de San Lorenzo para iniciar su recorrido procesional. Tras el pasillo de honor realizado por un grupo de danza tradicional en el pórtico y el repique de las campanas que anuncia su salida, la figura avanza por el casco viejo de la ciudad entre aplausos, cánticos y música. Sin embargo, quienes observan la talla de cerca por primera vez suelen descubrir dos realidades desconocidas para la mayoría de los visitantes: el santo es negro y, en contra de la creencia popular, no es el patrón de Pamplona.
San Saturnino contra San Fermín: la disputa por el patronazgo
El título de patrón oficial de Pamplona le corresponde históricamente a San Saturnino, también denominado San Cernin. Según detalla la tradición cristiana, este obispo de Toulouse llegó a la antigua Pompaelo durante el siglo III con el objetivo de predicar el cristianismo. Las fuentes antiguas le atribuyen la conversión de Firmo y Eugenia, padres de San Fermín, así como el bautismo del propio niño. A pesar de que San Saturnino cuenta con una de las iglesias más emblemáticas del casco antiguo, edificada entre los siglos XIII y XIV, el fervor popular terminó encumbrando a San Fermín.
La preeminencia de San Fermín sobre el patrón oficial se gestó durante el siglo XVII a raíz de una intensa controversia entre las élites religiosas navarras. En un contexto donde los santos patronos definían la identidad y el prestigio de los territorios, los denominados «ferministas» defendieron que San Fermín debía ser el principal protector por ser el primer obispo de Pamplona y el mártir más ilustre de la ciudad. Por el contrario, sus opositores sostenían que el honor pertenecía a San Saturnino como evangelizador y responsable de la primera comunidad cristiana navarra.
El conflicto teológico derivó en la redacción de alegaciones, crónicas medievales y documentos eclesiásticos para justificar los méritos de cada figura. Aunque San Saturnino retuvo el patronazgo oficial, el crecimiento de las celebraciones y la devoción hacia San Fermín terminaron por eclipsar dicha realidad, haciendo que la mayoría de los visitantes asuma erróneamente que el protagonista de las fiestas es el patrón pamplonés.
El impulso de la capilla barroca de San Lorenzo
Un factor determinante para consolidar la identidad del santo con la ciudad fue la edificación de la capilla de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo. Aunque el templo original databa de la Edad Media, a finales del siglo XVII comenzó la construcción de una imponente capilla barroca con una gran cúpula octogonal, diseñada para custodiar las reliquias del santo.
Este espacio arquitectónico se transformó en el núcleo religioso de las fiestas. Desde este emplazamiento parte la imagen cada 7 de julio y allí se congregan fieles y visitantes. Es precisamente la fisionomía de esta escultura la que alberga el segundo gran enigma de la festividad.
El misterio de «el morenico»: ¿por qué el santo es negro?
El tono oscuro en el rostro y las manos de la figura procesional, conocida popularmente como «el morenico», ha propiciado diversas leyendas urbanas que le atribuían un origen africano o descripciones de piel negra en la tradición cristiana. No obstante, los registros históricos desmienten estas teorías, situando su nacimiento en la Pamplona romana en el seno de una familia de la aristocracia local, sin que existan documentos antiguos que describan su aspecto físico.
La explicación científica y artística de su coloración responde a factores meramente materiales y de conservación:
- Degradación de los componentes originales: La figura fue tallada en madera a finales del siglo XV. Con el transcurso del tiempo, los aceites y barnices empleados en su acabado sufrieron un proceso de degradación y oxidación, adquiriendo progresivamente un tono oscuro.
- Exposición al culto: Antes de la implantación de la iluminación eléctrica, la talla estuvo expuesta durante siglos al humo generado por las velas de cera y las lámparas de aceite que alumbraban los templos. La combustión acumuló partículas de hollín sobre la policromía, lo que, sumado a la oxidación de los barnices, oscureció la escultura.
Este fenómeno de alteración cromática es común en numerosas imágenes religiosas de España. Pese a que las restauraciones modernas permiten recuperar los colores originales en algunos casos, en San Fermín se optó por conservar la apariencia oscura adquirida con los siglos.
La biografía de San Fermín amalgama elementos históricos y relatos hagiográficos redactados siglos después de su supuesto martirio. Más allá de las discusiones historiográficas, la figura se ha consolidado como el referente emocional de Pamplona, un hecho que se constata cada mañana cuando los corredores del encierro entonan sus cánticos en la hornacina de la cuesta de Santo Domingo para solicitar su protección.

















