Doble rasero en Castillejos: blindaje para las cámaras y luz verde al coladero humano en la costa ante la complacencia de Rabat
Fnideq / Ceuta — La noche en la frontera entre Marruecos y Ceuta ha dejado al descubierto una farsa diplomática tan vistosa en las carreteras como cínica e impune en el litoral. Mientras las fuerzas de seguridad marroquíes escenificaban un imponente despliegue con tres barreras sucesivas de gendarmes, tanquetas y camiones lanza-agua para sellar a cal y canto la carretera en Castillejos (Fnideq), a escasos metros, en la línea de playa, la calculada pasividad del dispositivo dejaba la vía libre para que miles de personas penetraran en territorio español.
Un cerrojo de cara a la galería, una coladera cómplice en la arena
La aparatosa escenografía en los accesos terrestres parecía diseñada exclusivamente para las cámaras y para simular una cooperación que no existe en los hechos. Múltiples informaciones e imágenes sobre el terreno confirman que, mientras los agentes marroquíes frenaban a familias a pie de calzada, la gendarmería miraba hacia otro lado —cuando no toleraba directamente— el lanzamiento masivo de jóvenes al mar equipados con flotadores para bordear el espigón de El Tarajal.
- Inacción y cinismo policial: Ante la evidente marea humana cruzando a nado a la vista de todos, efectivos de la policía marroquí llegaron a desentenderse de la situación asegurando con frialdad que el cruce por la playa «es un problema que tiene España» y encuadrándolo en «cosas de la diplomacia».
- Mercadeo con vidas humanas: Miles de personas, movilizadas por bulos virales sobre una supuesta apertura de fronteras en España, pernoctaban en solares y bosques bajo la mirada impasible de las autoridades alauíes, que aguardaban el momento oportuno para utilizarlas como elemento de desestabilización.
El chantaje híbrido de Rabat ante la ingenuidad de Madrid
Resulta insostenible argumentar una «incapacidad» de contención por parte de Rabat. La permisividad nocturna no responde a una falta de efectivos —sobradamente desplegados para bloquear el tránsito rodado—, sino a la reactivación deliberada de la inmigración irregular como arma de presión geopolítica y chantaje hacia el Gobierno de España.
Con la capacidad asistencial y de seguridad de Ceuta absolutamente colapsada, la maniobra marroquí vuelve a poner en evidencia la invalidez de las contraprestaciones y concesiones otorgadas a Rabat como presunto «socio estratégico». Mientras el Palacio de La Moncloa insiste en la diplomacia del eufemismo, Marruecos demuestra una vez más que no tiene reparo en instrumentar el drama humano para extorsionar la soberanía española en su frontera sur.
















