Los expertos advierten de los riesgos para la salud que conlleva el consumo de carne de delfín debido a las altas concentraciones de mercurio y metilmercurio que se acumulan en estos animales marinos a lo largo de su vida.
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La carne de delfín, consumida de forma tradicional en diversos lugares del mundo, puede albergar sustancias altamente perjudiciales para el ser humano. Al tratarse de grandes depredadores que se alimentan de otros organismos marinos, los delfines acumulan en sus tejidos metales pesados que superan con creces los niveles presentes en sus presas habituales.
Entre los componentes detectados, el mercurio es el que genera mayor preocupación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasifica como una de las diez sustancias químicas más problemáticas para la salud pública. En el entorno marino, este elemento se transforma en metilmercurio, introduciéndose en la cadena alimentaria hasta llegar al ser humano a través de la dieta.
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La exposición a concentraciones elevadas de este compuesto puede acarrear severas consecuencias en el organismo. La OMS señala que el metilmercurio tiene capacidad para alterar el sistema nervioso, el aparato digestivo, el sistema inmunitario y los riñones, además de provocar trastornos neurológicos, pérdida de memoria y fallos en la coordinación. El riesgo se incrementa de forma crítica en mujeres embarazadas —ya que afecta de manera directa al desarrollo del sistema nervioso fetal— y en niños pequeños, por su elevada vulnerabilidad.
Este fenómeno de bioacumulación no es exclusivo de los cetáceos, sino que afecta a diversas especies de grandes depredadores marinos de larga vida. Sin embargo, los análisis realizados en carne de delfín revelan cifras preocupantes. Un estudio llevado a cabo en Japón sobre productos comercializados de nueve especies de pequeños cetáceos detectó niveles especialmente altos en el delfín listado: cerca de 26 microgramos de metilmercurio por gramo de carne. Esta cifra multiplicaba por 87 el límite de referencia fijado en su momento por la normativa japonesa para productos pesqueros.
Las estimaciones del equipo investigador determinaron que la ingesta de apenas cuatro gramos de dicha carne bastaba para rebasar la cantidad semanal tolerable de metilmercurio en un adulto de 60 kilos. Aunque la presencia del metal varía según el ejemplar y la especie concreta, los expertos señalan que el peligro sanitario aumenta ante concentraciones elevadas y un consumo continuado.








