MADRID. — La histórica caída en las puntuaciones del Informe PISA 2025, donde el alumnado de 15 años en los países desarrollados ha perdido cerca de un curso escolar en la última década (y más de un curso en el caso de España), responde a un declive estructural de causas complejas. Según el análisis exhaustivo publicado este martes por la OCDE, el deterioro de las habilidades académicas básicas se explica por la conjunción de transformaciones profundas en la conducta de los estudiantes, el clima en los colegios, el entorno familiar y el uso indiscriminado de la tecnología.
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El estudio advierte que la pérdida de capacidad para mantener la atención concentrada y perseverar ante tareas difíciles es uno de los factores clave detrás del descalabro en comprensión lectora. Los exámenes revelan un incremento del 5% en «lectores apresurados» —aquellos que responden de forma rápida e incorrecta— y una reducción generalizada en el disfrute de la lectura en papel en favor de formatos digitales que fomentan un consumo fragmentado e inmediato.
Pérdida de esfuerzo, curiosidad y presencia familiar
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El informe constata un claro empeoramiento en la actitud hacia el aprendizaje. En España, el porcentaje de estudiantes que afirma realizar un esfuerzo adicional cuando la materia se complica ha caído al 68%, mientras que el interés o curiosidad por aprender disminuye al 72%.
A este escenario se suma una menor implicación en los hogares. Solo el 69% de los alumnos españoles afirma que sus familias les preguntan semanalmente por su jornada escolar (ocho puntos menos que en 2022) y apenas la mitad habla habitualmente con sus padres sobre sus problemas en el centro educativo. Asimismo, el absentismo escolar ha aumentado, registrándose un 34% de alumnos españoles que faltó al menos un día entero a clase en las dos semanas previas a la prueba.
Aulas más complejas, indisciplina y secuelas de la pandemia
Las dinámicas dentro de las aulas también han sufrido una importante degradación. La OCDE destaca que la diversidad escolar se ha disparado sin los recursos de apoyo necesarios: en España, el alumnado de origen migrante representa ya el 20,3% del total (un incremento del 64% desde 2018), y el 67% del profesorado atiende a grupos heterogéneos con un desnivel acusado entre alumnos de alto y bajo rendimiento.
Esta complejidad se traduce en un empeoramiento de la convivencia y el clima de estudio:
- Ruidos e interrupciones: El 39% de los estudiantes españoles asegura que el desorden interrumpe la mayoría o la totalidad de las clases.
- Tiempo perdido: Los docentes destinan ya un 16% del tiempo lectivo a mantener el orden en el aula.
- Acoso escolar: Los directores reportan un aumento generalizado de vandalismo, faltas de respeto y acoso escolar.
A todo ello se añaden los efectos tardíos de la pandemia de la COVID-19. La generación examinada en esta edición tenía entre 10 y 11 años durante los confinamientos de 2020, una fase crítica en la que se consolida el paso del aprendizaje básico a la comprensión avanzada, lo que debilitó la base pedagógica de estos estudiantes.







