Escribo estas líneas desde la responsabilidad que asumo cada día como responsable de un medio de comunicación de esta ciudad. Y lo hago desde la preocupación, pero también desde la firmeza que exige defender aquello en lo que creo.
Sinceramente, resulta una vergüenza que haya quienes pidan premios. El reconocimiento no se exige, se gana. Y se gana en el terreno de juego, en el esfuerzo diario y en la trayectoria. Más aún cuando existe un plazo abierto para la presentación de candidaturas y, pese a ello, la participación es mínima. Esa es la realidad.
Pero es que la situación va más allá. Nos encontramos con deportistas o directivos que llegan incluso a auto nominarse, desvirtuando por completo el sentido del reconocimiento. Con partidos políticos que presentan candidatos fuera de plazo, ignorando las normas básicas del proceso. Y, lo que es igualmente preocupante, con federaciones que ni siquiera se molestan en proponer a sus propios deportistas, renunciando a una responsabilidad que les corresponde.
Ante esa falta de compromiso generalizado, somos los medios quienes, en muchas ocasiones, tenemos que asumir una responsabilidad que no nos corresponde: proponer nombres, dar visibilidad y sostener un proceso que debería estar respaldado por clubes, federaciones y entidades deportivas. Y, aun así, sin merecerlo, nos encontramos con críticas, ataques y cuestionamientos por parte de quienes no han movido un solo dedo.
En mi caso, además, se me señala por formar parte de una federación deportiva que, día a día, destaca por sus éxitos y resultados. Una federación que trabaja, compite y deja el nombre de Ceuta en lo más alto. Sin embargo, se omite deliberadamente una realidad: ni mi posición ni mis votos influyen en las decisiones que se toman.
También se me cuestiona por ser directivo de un club cuyos deportistas, año tras año, baten récords y representan el verdadero espíritu de superación. Y, aun así, se intenta sembrar la duda, generar sospecha y alimentar un relato que no responde a la realidad.
No soy licenciado en Periodismo, como tampoco lo son más del 90% de quienes ejercen esta profesión en Ceuta. Pero si de algo puedo hablar con conocimiento es de deporte, de su realidad, de su día a día y de las personas que lo construyen, aunque no lo practique. Y eso, en este ámbito, también es una forma de rigor.
Y por si fuera poco, la práctica totalidad de las críticas negativas llegan desde el anonimato o a través de perfiles falsos en redes sociales. Desde ahí es fácil atacar. Desde ahí no hay responsabilidad ni consecuencias. Eso de dar la cara, de sostener lo que se dice con nombre y apellidos, parece que no entra en sus planes.
Lo que hay detrás de todo esto no es crítica constructiva. Es, en demasiados casos, maldad, envidia y odio gratuito. Ataques sin fundamento de quienes, lejos de aportar, buscan desgastar y ensuciar el trabajo de los demás.
Pero si esto ya es grave, más preocupante es comprobar cómo ciertos medios y determinados profesionales permiten que se cruce una línea que nunca debió cruzarse: la del ataque personal, la calumnia y el insulto entre compañeros. No todo vale. No puede valer. El periodismo tiene la obligación de ser riguroso, pero también de ser responsable y de no alimentar el descrédito.
No se trata de proteger a nadie, sino de proteger una profesión y un ámbito, el deportivo, que debería estar basado en valores como el respeto, la admiración y la justicia.
Por todo ello, creo que ha llegado el momento de que el Instituto Ceutí de Deportes y el Gobierno de Ceuta den un paso al frente y articulen una fórmula clara, transparente y participativa para la elección de los mejores deportistas de nuestra ciudad. Un sistema que fomente la implicación real de todos y que evite que este tipo de situaciones se repitan.
Porque el deporte de Ceuta no merece este ruido. Y quienes trabajan de verdad por él, tampoco.
A quienes intentan desgastar desde la sombra, les digo claro: no me van a quitar las ganas. Al contrario, seguiremos.
Por Karim Prim.




















