La Administración del presidente Donald Trump ha anunciado la revocación de los límites federales a las emisiones de gases de efecto invernadero, una decisión que elimina el marco científico y legal que durante más de una década permitió al Gobierno regular la contaminación climática en Estados Unidos.
Desde la Casa Blanca, el mandatario celebró lo que calificó como “la mayor desregulación de la historia del país”, al confirmar la supresión de las normas sobre emisiones para vehículos y motores vigentes desde 2012 y previstas hasta 2027. Según el Ejecutivo, la medida reducirá costes para consumidores y empresas y eliminará regulaciones que, a su juicio, encarecían los automóviles y perjudicaban a la industria.
El anuncio se realizó junto al responsable de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Lee Zeldin, quien explicó que la Administración ha revocado la llamada “determinación de peligro” de 2009. Ese dictamen científico, aprobado durante la presidencia de Barack Obama, establecía que el dióxido de carbono, el metano y otros gases de efecto invernadero suponen una amenaza para la salud pública y el bienestar. Su eliminación deja sin base legal la mayor parte de las regulaciones federales sobre emisiones.
Sin esa conclusión científica, las agencias federales pierden gran parte de su capacidad para imponer límites a la contaminación procedente de vehículos, centrales eléctricas y otras fuentes industriales. La medida forma parte de una estrategia más amplia de la actual Administración para restringir el poder regulador de los organismos federales y trasladar al Congreso la responsabilidad de legislar en estas materias.
Trump defendió la decisión como un alivio económico para la industria y los consumidores, y reiteró su escepticismo sobre el cambio climático. La EPA sostiene que la eliminación de las regulaciones podría suponer un ahorro de hasta 1,3 billones de dólares, mientras que el presidente afirmó que los beneficios para los ciudadanos alcanzarán “billones” adicionales.
La decisión ha provocado una rápida reacción de críticos y defensores del medio ambiente. El exmandatario Obama advirtió de que la revocación de la determinación científica hará al país “menos seguro y menos sano” y dificultará la lucha contra el cambio climático. Organizaciones ecologistas alertan de que la medida podría incrementar de forma significativa las emisiones en las próximas décadas y encarecer los costes asociados a la contaminación y sus efectos sobre la salud.
Según estimaciones de grupos ambientales, la eliminación de estas normas podría traducirse en miles de millones de toneladas adicionales de gases de efecto invernadero hasta mediados de siglo. No obstante, la Administración sostiene que el cambio permitirá impulsar la industria energética tradicional y reducir la presión regulatoria sobre fabricantes y empresas.
La retirada de los límites federales abre una nueva fase en la política climática estadounidense y anticipa un intenso debate político y judicial sobre el alcance de las competencias del Gobierno federal en materia medioambiental.



















