El presidente de Castilla-La Mancha critica con dureza la gestión del Ejecutivo tras la desclasificación de los informes del CNI y pide asumir responsabilidades para frenar a la extrema derecha.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha vuelto a marcar distancias con la dirección de su propio partido al calificar la gestión de la reciente crisis migratoria de Ceuta como «uno de los grandes desastres de gestión» de la historia reciente. Durante una entrevista concedida a Onda Cero, el barón socialista advirtió de que la gestión de este episodio corre el riesgo de convertirse en «la segunda gran mentira de la democracia», comparándolo explícitamente con el relato impulsado en su día sobre la autoría de los atentados del 11-M.
García-Page centró el foco del debate en la desclasificación de los cuarenta informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), cuestionando abiertamente la respuesta ofrecida por el Gabinete de Pedro Sánchez tras conocer las alertas previas remitidas por los servicios secretos. El dirigente castellanomanchego señaló que la clave reside en determinar «si se hizo algo, poco, mucho o no se hizo nada» antes de las entradas masivas a finales de julio, criticando la dinámica de rehuir responsabilidades institucionales y avisando de que esta estrategia política puede convertirse en un «chollazo enorme para la extrema derecha».
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En su análisis de la comunicación gubernamental, el presidente autonómico aseveró que la actuación del Ejecutivo ante la crisis fronteriza se estudiará en las facultades de Ciencias Políticas como un «ejemplo de lo que no hay que hacer». Frente a ello, contrapuso la actitud de liderazgo de figuras internacionales como el excanciller alemán Gerhard Schröder ante emergencias de Estado y rompió una lanza en favor del prestigio operativo del CNI, la Policía Nacional y la Guardia Civil, instando a preservar el crédito de los cuerpos de seguridad e inteligencia.
Por último, el barón socialista recordó que el propio presidente del Gobierno llegó a calificar inicialmente lo sucedido en Ceuta como un ataque a la integridad territorial del Estado. En este sentido, García-Page remarcó la evidencia geográfica y diplomática de que la ciudad autónoma únicamente comparte frontera con Marruecos, instando a Moncloa a aplicar un diagnóstico certero sobre la relación con el país vecino para poder articular soluciones reales a la seguridad de la frontera sur.








