Las tripas del último CIS de Tezanos revelan una fuga masiva de apoyos tras los recientes escándalos de las ‘cloacas’ y el caso Zapatero. En solo tres semanas, 400.000 fieles más reniegan de las siglas socialistas.
Los muros de contención que la Moncloa y Ferraz habían levantado para encapsular los escándalos de corrupción dentro del triángulo Ábalos-Koldo-Cerdán han terminado por desbordarse. El incesante goteo de casos judiciales, sumado a la reciente imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y al estallido del caso de las llamadas «cloacas del PSOE», ha abierto una vía de agua masiva en el electorado socialista que amenaza con hundir las expectativas de Pedro Sánchez.
Los datos del propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de junio, dirigido por el cuestionado José Félix Tezanos, reflejan una realidad incontestable en sus preguntas internas: a los votantes del PSOE les espanta la corrupción de sus siglas.
A la pregunta directa de si los ciudadanos votarían lo mismo que en las elecciones generales de julio de 2023, un 26,2% de quienes eligieron la papeleta socialista responde con un rotundo «no».
La traducción en términos de matemática electoral es demoledora para el Gobierno:
Si en 2023 el PSOE logró el apoyo de 7.821.718 ciudadanos, la desafección actual implica la pérdida directa de 2.049.290 votantes.
El empeoramiento es acelerado. El trabajo de campo de este último barómetro se realizó entre el 1 y el 4 de junio, en pleno epicentro mediático de las cloacas de Ferraz y con el ‘caso Zapatero’ sobre la mesa. Solo tres semanas antes, en el CIS de mayo, el porcentaje de rechazo ya era alto (un 20,9%, equivalente a 1,6 millones de votantes). En menos de un mes, 400.000 socialistas más han decidido bajarse del barco.
El mito del «daño amortizado»
Esta sangría demoscópica dinamita el discurso oficialista que la dirección del partido venía modulando desde el estallido del ‘caso mascarillas’. Hasta hace apenas unos días, miembros de la cúpula socialista y parlamentarios aseguraban en privado que el coste electoral de la corrupción «ya estaba amortizado» en las curvas de las encuestas. La realidad de los datos demuestra que el castigo no ha hecho más que empezar.
Si bien la estimación de voto cocinada por el CIS maquilla la caída situando al PSOE todavía en cabeza con un 31,3% —sufriendo un desplome directo de 4,9 puntos en un mes—, el Partido Popular ya recorta distancias y se coloca a solo 4,2 puntos.
Haciendo un ejercicio de sustracción pura, si al PSOE se le restaran esos dos millones de desencantados sin computar nuevos votantes, el partido caería hasta los 5,7 millones de votos. Una cifra crítica que devolvería a los socialistas al escenario de sus peores resultados históricos, los obtenidos en el año 2016 (5,4 millones de votos y un 22,6%).
Sumar también paga la factura de la coalición
La crisis del ala socialista del Ejecutivo arrastra también a su socio menor. Sumar sufre un castigo idéntico en proporción: un 26,6% de sus votantes de 2023 afirma que no repetiría su voto, lo que se traduce en una pérdida de 801.725 papeletas en el espacio a la izquierda del PSOE.
Ante este panorama, la estrategia de supervivencia de Pedro Sánchez pasa por achicar el espacio de sus socios de coalición. El presidente del Gobierno ha intensificado el lanzamiento de medidas socioeconómicas de marcado perfil izquierdista con un único objetivo: fagocitar el voto útil de Sumar para compensar la masiva fuga de votantes moderados que huyen del partido cercados por la sombra de la corrupción.











