Un gol de penalti de Taborda en el minuto 87 castiga a un conjunto verdiblanco que no supo aprovechar su superioridad numérica. Los de Pellegrini, sin ideas en ataque, se ven obligados a remontar en La Cartuja tras una noche gris en el Estadio Olímpico.
ATENAS – Tropiezo inesperado y doloroso del Real Betis en tierras griegas. El equipo de Manuel Pellegrini cayó por 1-0 ante el Panathinaikos en la ida de los octavos de final de la Europa League, en un encuentro donde la falta de creatividad y un error final de Diego Llorente condenaron a los béticos. Pese a jugar con uno más durante gran parte del segundo tiempo, el Betis fue incapaz de derribar el muro heleno y ahora queda contra las cuerdas.
Dominio sin pólvora
El partido comenzó con el guion previsto por Rafa Benítez: un Panathinaikos replegado y un Betis dueño del balón pero carente de profundidad. Abde fue el único que intentó agitar el avispero con incursiones individuales, mientras que el Cucho Hernández tuvo las ocasiones más claras de la primera mitad, encontrándose siempre con un inspiradísimo Lafont bajo los palos. El equipo bético mostraba equilibrio con Altimira, pero echó de menos la magia de un líder que diera el último pase.
Superioridad numérica desaprovechada
Tras la reanudación, el escenario pareció aclararse para los visitantes. En el minuto 58, Abde provocó la segunda tarjeta amarilla de Zaroury, dejando al Panathinaikos con diez hombres. Sin embargo, lejos de asediar la meta contraria, el Betis se llenó de nervios. Pellegrini movió el banquillo dando entrada a Riquelme y Junior para refrescar las bandas, pero la fluidez desapareció por completo ante el bloque bajo de los de Benítez.
Mazazo final desde los once metros
Cuando el empate parecía el mal menor, llegó el desastre. En un contragolpe aislado en el minuto 87, Swiderski encaró el área y, tras su remate, recibió una patada de Diego Llorente que el colegiado, previa consulta con el VAR, señaló como penalti. Taborda no falló desde los once metros, engañando a un Pau López que poco antes había sido amonestado por protestar. El Betis terminó el partido volcado pero sin orden, consumando un descalabro que le obliga a ganar sí o sí en Sevilla dentro de siete días.
















